El Bosque de Béjar, villa suburbana singular

Al este de la ciudad de Béjar (Salamanca) se encuentra uno de los bienes culturales más raros del Patrimonio Histórico español: la villa de recreo El Bosque, construida a mediados del siglo XVI por la familia Zúñiga, duques de Béjar, y declarada Jardín Histórico en 1946. La primavera puede ser el mejor momento para dar un agradable paseo por esta villa suburbana que ahora conoceremos mediante la palabra y la imagen.

Canal Patrimonio_José Muñoz Domínguez

 

1. LOCALIZACIÓN, ENTORNO Y COMPOSICIÓN DE LA VILLA

La propiedad ocupa más de 35 hectáreas en una vaguada con orientación este-oeste y altitud media superior a 1000 m, lo que favorece unas vistas privilegiadas sobre su entorno, parcialmente alteradas por la urbanización desmedida de las últimas décadas: un paisaje de cumbres nevadas en la sierra, montes de castaños y robles, fresnedas o prados en sus inmediaciones y también la ciudad, con el palacio ducal urbano como hito simbólico más destacado.

Un camino y alameda enlazaba la Puerta de la Corredera, en la muralla de Béjar, con la Puerta de la Justa, acceso principal de la villa donde proseguía como vial arbolado y rectilíneo de 400 m. El paseo atraviesa en suave pendiente el Prado Bajo hasta convertirse en eje ordenador del conjunto aterrazado: la huerta inferior, el jardín de cuadros o «jardin prinzipal» (con trazado romántico desde 1869), la estrecha «huerta de los vojes», la «plaçuela» o explanada del estanque –con edificios, fuentes y cenadores alrededor, acompañados de arriates– y, finalmente, las llamadas «huertas de arriba», transformadas en prado a principios del siglo XVIII (Prado Alto). Por todo el flanco sur se extiende el bosque de castaños que da nombre a la villa desde sus orígenes.

2. BREVE HISTORIA DE EL BOSQUE

El lugar fue un cazadero de la familia Estúñiga o Zúñiga desde los tiempos del fundador del linaje, Diego López, señor de Béjar entre 1396-1417, aunque los primeros documentos remiten a la etapa de su hijo, el conde Pedro de Estúñiga, fallecido en 1453. El segundo duque de Plasencia y Béjar, Álvaro de Zúñiga (1488-1531) y, sobre todo, Teresa de Zúñiga (1531-1565), III duquesa, iniciaron las transformaciones del terreno como incipiente casa de placer con bosque, estanque, traída de agua desde la sierra y coto para gamos y ciervos a costa del Prado Sanjuaniego, un predio comunal.

Las obras principales fueron acometidas por el IV duque, Francisco de Zúñiga y Sotomayor, entre 1566 y 1583. Documentos sobre destajos y nóminas permiten conocer las diferentes fases constructivas: antes de 1567 se realizaron la alameda axial, las terrazas inferiores, la ampliación del estanque y el palacete; en 1577 el cenador y Fuente de los Ocho Caños ; entre 1581 y 1583 la primera ampliación del palacete (capilla y escritorio) y posiblemente la exedra; y en 1583 la segunda y última ampliación («pieça del escritorio nuevo»), cuando se labraron también la plaza nueva o Rotonda, otro cenador y dos huertas inmediatas. El palacete actual equivale a una tercera parte de las dimensiones máximas que alcanzó el edificio en tiempos de este duque, desaparecido el resto en alguna catástrofe no documentada por ahora, posiblemente un incendio anterior a 1726, cuando su estado apenas difería del actual.

En la etapa de Francisco III (1591-1601) no se documentan obras, pero sí un caso curioso de damnatio memoriae nobiliaria. Las malas relaciones entre el duque y la segunda esposa de su padre, Brianda Sarmiento, provocaron varios pleitos y la sustitución de las armas de la duquesa viuda por escudos con las iniciales FG, alusivas a Francisco de Zúñiga y Guiomar de Mendoza, padres del nuevo duque; también fue picado el nombre de Brianda y retallado el de Guiomar en todas las cartelas que coronan los vanos del palacete.

Hasta principios del siglo XVIII, los sucesivos duques se ocuparon de mantener la propiedad, en ocasiones dañada por desastres naturales o por la situación crítica de sus estructuras. Así sucedió en 1617 con la Riada de Santa Lucía, que destrozó la regadera de la sierra, y en 1662 con el dique del estanque, demasiado esbelto para soportar el empuje de las aguas, lo que obligó a reducir su altura terraplenando la mitad del vaso: 4167 m3 de tierra que evitaron su derrumbe hasta hoy.

El XI duque, Juan Manuel de Zúñiga (1686-1747), planteó varios proyectos barrocos de gusto francés, en parte realizados: el «potajier» (potager) y «la calle del señor don Pedro», con sus árboles entrelazados en «hermoso maridaje» y sus líneas de «gazonería» (césped). De esta época sólo se conserva la Fuente de la Sábana, encañada en 1705 para hacer correr los surtidores y la sábana de agua bajo su arco. Junto a la fuente se conserva un tejo de más de 400 años, el ser vivo más antiguo de El Bosque, testigo de sus tiempos fundacionales.

Entre el fallecimiento del XII duque, Joaquín Diego (1747-1777), y la segunda mitad del siglo XIX, se cuenta con muy poca documentación, justo cuando la propiedad recaía en las casas de Benavente y Osuna y era disfrutada por una duquesa tan amante de los jardines como María Josefa Alfonso Pimentel, la creadora del conjunto madrileño de El Capricho.

En 1869, esta familia vendió El Bosque al empresario textil Cipriano Rodríguez Arias y se inició su etapa burguesa, de gusto romántico . Fue entonces cuando el antiguo jardín de cuadros se rediseñó con paseos recurvados, setos y plantas tapizantes, fuentes de metal o terracota –entre ellas la del Cisne y la del Paraguas, destrozada en 2016– y se plantaron grandes coníferas: ejemplares de calocedro, cedro, tuya, pícea y pinsapo (estos últimos abatidos en 2001), además de la monumental sequoia gigante. Fallecido el empresario, fue su hija quien introdujo elementos de arquitectura en hierro, como el templete neomorisco del estanque, de 1896, en sustitución del original.

Entre 1981 y 1992, los herederos de Rodríguez Arias (familia Oliva) promovieron un proyecto de segregación que troceaba la unidad tipológica y compositiva de El Bosque en cuatro parcelas. El objetivo era conseguir la necesaria recalificación urbanística para edificar una barriada de 32 bloques de viviendas y una urbanización de chalets. El proyecto llegó a materializarse en un convenio entre la propiedad y el Ayuntamiento de Béjar que hubiera acabado con la única villa de recreo completa de España. Ante esta amenaza se organizó un movimiento ciudadano para presionar al órgano competente y frenar las expectativas especuladoras declarando un Entorno de Protección, aprobado en 1995.

En 1999 se logró la adquisición de El Bosque por el Ministerio de Cultura, la Junta de Castilla y León y el Ayuntamiento de Béjar (finalmente, el Ministerio cedió su parte a la administración local). La Dirección General de Patrimonio encargó el Plan Director de El Bosque de Béjar y su Entorno, aprobado en 2001, marco de referencia para las intervenciones de restauración y rehabilitación realizadas hasta hoy……..

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