El Castillo del Paraíso

Cuenta la historia que la fortaleza que corona la localidad salmantina de Montemayor del Río, también conocida como el ‘Castillo del Paraíso’, cumplió un papel fundamental en el devenir histórico. Se convirtió en un enclave importante en la Vía de la Plata durante la época romana, además de ser un espacio fronterizo y estratégico en la marca media medieval transitada por los peregrinos hacia Santiago, en el camino mozárabe del sur y por las cañadas ganaderas de la Mesta.

Canal Patrimonio_Beatriz Jiménez / ICAL

 

castillo Montemayor del Rio, Salamanca

 

Durante varios años esta fortificación, que alberga un Centro de Interpretación del Medievo en su interior, permaneció cerrada al público hasta que a comienzos de este año, el Ayuntamiento del municipio hizo público un nuevo concurso para poder adjudicar la gestión hostelera y museística del edificio. Fue entonces cuando dos emprendedores salmantinos, Ana Belén Fernández y Santiago Agre, decidieron presentar su proyecto al concurso y “apostar fuerte por ello”.

Con una amplia experiencia en el sector de la restauración, Santiago confiesa que ya trabajó en este lugar hace unos años, y “nunca le perdió la pista”. Por eso, cuando se enteró de la propuesta para gestionar el espacio, no dudó junto a su compañera de fatigas, Ana Belén, en presentar su propio proyecto personal con el que desarrollar así su “modo de vida”, como relatan. Muy ilusionados por ser los elegidos para poner en marcha el `Restaurante-Museo Castillo de Montemayor´, comenzaron las obras de acondicionamiento de los espacios y desde el pasado mes de junio, el Castillo de San Vicente abrió de nuevo sus puertas. “Era el momento de aventurarse” dicen y es que este lugar “tiene su encanto propio”. “Es un proyecto ambicioso y con mucha ilusión”, señalan estos salmantinos.

 

Castillo de Montemayor del Río

 

Filosofía kilómetro 0

El restaurante que regentan Santiago y Ana Belén se basa en el concepto “slow food” o “kilómetro 0”. Una filosofía gastronómica que, como relatan sus promotores, nació bajo la idea de salvaguardar el patrimonio tradicional gastronómico de la región recurriendo a los productos y sus productores locales”. De este modo buscan fomentar la actividad económica, social y cultural de la zona. Lo que pretende con este negocio es “mantener una relación entre productor y restaurador” y reactivar así la microeconomía local con la recuperación de productos autóctonos. Ambos coinciden en la importancia de evitar la despoblación en las zonas rurales y “apostar por nuestras raíces”. Cada semana elaboran un menú y las sugerencias que proponen “siempre se basan en productos de la zona”, como reafirman. Se trata de una cocina tradicional a la que añaden un toque de imaginación y como explica este cocinero, así se dan a conocer los productos y de dónde vienen.

Santiago Agre insiste en la importancia de impulsar otros proyectos jóvenes y “luchar por lo que es nuestro” para dar salida a la provincia. En ese sentido, reconoce que muchos vecinos del pueblo se acercan a visitar de nuevo el castillo, añorando lo que supuso para la villa, así como los turistas y curiosos, que salen sorprendidos por la oferta cultural y gastronómica de este paraje. Desde el pasado 1 de junio las puertas del Castillo de San Vicente se abrieron de nuevo y como inciden, por el momento “las impresiones son buenas”. Sostienen que quizá por la situación geográfica casi en la frontera con Cáceres, el turismo que más acude proviene de Extremadura, pero los salmantinos de la zona “no conciben la localidad de Montemayor del Río sin su castillo”.

 

Visita al castillo de Montemayor del Río

 

Fortaleza con historia

El Castillo de San Vicente fue declarado Bien de Interés Cultural en 1949, pero además, la propia localidad fue declarada Conjunto Histórico Artístico en 1982 debido a su impresionante patrimonio. La fortaleza domina la villa desde lo alto de ese valle escondido y alberga en su interior un Centro de Interpretación del Medievo, por lo que los visitantes pueden disfrutar a la vez de la parte cultural y gastronómica de la zona, con ese “toque personal” de Santiago y Ana Belén.

Este castillo fue un espacio vital en las luchas entre los hijos de Alfonso XI, ya que el control de esta fortaleza implicaba el dominio estratégico de la Calzada de la Plata. En él vivió Doña Leonor de Alburquerque, hija de Don Sancho, quien en 1428 dejó como legado este Castillo a su hijo Don Enrique de Aragón. La construcción se inició a finales del siglo XIII y principios del XIV sobre restos de una estructura anterior. En un principio cuando fue castillo-fortaleza, “no era una residencia estable”, como explica la guía del museo. “El Señor pasaba de vez en cuando o delegaba la gestión en los nobles”. A partir del siglo XVI dejó de ser fortaleza y pasó a ser un palacio renacentista, como se indica en algunos escritos. El primer señor de Montemayor, el infante Don Pedro, hijo de Alfonso XI, comenzó la edificación que permanecería vinculada al mismo señorío hasta su decadencia, la cual se agudizó a partir del siglo XVII y alcanzó la ruina en el siglo XIX. Este espacio conserva diferentes estructuras defensivas con los macatanes para que los soldados observaran y atacaran verticalmente a los enemigos, además del foso, un puente levadizo en la entrada, parte de la barbacana y las dos torretas a la entrada de la misma, sin olvidar los aljibes y el famoso pozo de 18 metros.

Entresijos del medievo

 

castillo de Montemayor del Río, ICAL

 

Alejandra Iglesias se encarga de la parte cultural, ella es la guía que recorre con los visitantes el Castillo del Paraíso para mostrar las curiosidades y entresijos de la época. Como ella misma asegura, este proyecto también supuso un cambio importante en su vida. Dejó su anterior trabajo en zoológicos de Madrid para residir junto a su pareja en la villa. Una vuelta a sus raíces y a los encantos de Montemayor, porque como sostiene, en este lugar “perduran cosas que en una gran ciudad igual no tienes”. Los comentarios que llegan de los visitantes coinciden en que “lo que más sorprende es adentrarse en la carretera, encontrarse un castillo y disfrutar de la alta cocina”. Ilusionada, Alejandra no se cansa de repetir las historias que guardan los aposentos e incluso remarca que las opiniones y comentarios del público “enriquecen cada espacio”.

A los más curiosos les llama la atención la letrina de la reina, y es que según explica, en aquella época “no había canalizaciones, todo iba al vacío y la servidumbre era la encargada de recoger los restos”, por lo que más de uno se queda mirando por “ese agujero” mientras hace volar la imaginación. Motivo de parada obligatoria es la torreta con las espectaculares vistas de la localidad. “Era un sitio estratégico y con mucha confrontación”, de ahí su estructura defensiva, como apunta Alejandra. En su interior se conservan los aposentos en los que vivían por separado los niños, el Señor y la Señora. Cada una de las salas que se conservan representa “la vida en un castillo de los nobles”, y como confiesa la guía, “fue una época dura”, sobre todo para las mujeres, “porque estaban sometidas a los hombres”.

Desde este Centro de Interpretación, “se pretende recrear esa vida, comparar con las vidas de los campesinos y dar a conocer la historia”. En la sala de los niños se exhiben en vitrinas algunas réplicas de los juguetes bélicos para los niños nobles, así como los de madera o las muñecas de trapo y también están las tabas, que “era el juguete más común de los niños campesinos”. Cuando se cruza a la sala del Tiempo, se pueden observar las diferentes etapas de la villa a través de los miliarios y el tricéfalo, las monedas, así como el casco que recuerda a las luchas e incluso un trozo de madera quemada que representa el paso de los franceses por la villa. Como todo castillo posee una sala de tortura con distintos elementos, que a través de las historias y recuerdos, hacen que “el público se traslade por unos instantes a la época medieval”.

Para acceder a los distintos espacios están las escaleras de caracol de las torres y torreones, como dato curioso, Alejandra explica que “todas giran hacia el mismo lado porque la mayoría de los soldados eran diestros y de este modo no les estorbaban las espadas al subir o bajar”. Quizá una de las partes más curiosas es el pozo de 18 metros que se ubica en la entrada. Cuenta la leyenda que corrían tiempos de lucha y enfrentamientos, tiempos difíciles donde parecía no haber sitio para el amor, pero el destino hizo que el hijo del duque de Béjar se enamorara de la princesa del castillo. Una historia imposible ante la tajante negativa de sus antecesores, por lo que buscaron un lugar para los encuentros secretos, un escondite de aquella historia de amor. Dicen que de aquel pozo partía un túnel que conducía hasta el Palacio Ducal de Béjar, que permitió alimentar ese amor y quién sabe si aún los deseos de la princesa resuenan en su interior.

Para quien quiera profundizar en el noble pasado de la villa de Montemayor del Río en Salamanca, puede acceder al Castillo del Paraíso después de cruzar el foso y “esa puerta habrá de cruzar si a la fortaleza quiere entrar”. Detrás de esas puertas esperan ilusionados Santiago y Ana Belén, que seguirán luchando como los soldados de la época, para mantener vivas la gastronomía y la cultura de la zona en su Restaurante-Museo. Agencia ICAL_Beatriz Jiménez

 

IMÁGENES: Diferentes vistas del castillo de Montemayor del Río en Salamanca y de los emprendedores que han apostado por reabrir sus puertas. Agencia ICAL_Jesús Formigo

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