Expolio monumental: el románico como objeto de deseo y las respuestas desde la Historia del Arte

A lo largo de las últimas semanas se han identificado en Soria una cuantía de robos patrimoniales preocupante, en gran medida sobre bienes inmuebles románicos. Expolios que vienen a sumarse a los sufridos en los años previos y que permiten aflorar una serie de cuestiones que antes o después tendrán que abordarse en profundidad con todos los agentes implicados en una misma mesa. Hoy es Soria la principal provincia afectada, pero tengamos muy presente que es un problema que atañe a la mayoría de localidades españolas. Esta es la idea fundamental en torno a la que pivota el resto de la narración.

Canal Patrimonio_Antonio Ledesma

Uno de los capiteles robados en la ermita de Boós (Soria). Archivo FSMLR_Pedro Luis Huerta

Desde la disciplina de Historia del Arte las respuestas ofrecidas ante esta coyuntura son diversas. Las herramientas disponibles son limitadas, a veces incluso soslayadas, pero no por ello menos importantes por el papel que desempeñan. Ante el robo, la primera urgencia es determinar qué existía y qué ha sido expoliado. Para ello los inventarios, catálogos y trabajos especializados resultan imprescindibles y son la primera fuente a recurrir. Es decir, constituyen la investigación previa en la que se ha invertido previamente tiempo y dinero (público en la mayoría de ocasiones).

En el caso de Soria, por cuestiones de especialidad me centraré en su patrimonio medieval a modo de ejemplo, el estudio y las descripciones del erudito y no siempre reconocido Gaya Nuño auxilian en todo momento al historiador del arte, aunque el menor número de testimonios fotográficos no siempre permiten una reconstrucción completa de la obra. De modo semejante sucede para el gótico soriano con el trabajo, asimismo fruto de una tesis doctoral, del profesor Martínez Frías. Sin embargo es el proyecto de la Fundación Santa María la Real del Patrimonio Histórico el que marca un punto de inflexión. Gracias a la Enciclopedia del Románico cada localidad aparece inventariada por muy testimonial que sea su patrimonio románico. Por no mencionar los más de 37.000 registros fotográficos disponibles que la convierten en la nueva Biblioteca de Alejandría versión Románica 3.0. Cada edificio, con su portada e incluso cada capitel, se recogen y abordan con detalle y profesionalidad. Y lo más importante es que todo este conocimiento está en libre acceso. Con la transferencia de este conocimiento, no siempre contemplado en toda su amplitud, se posibilita no solo la formación y la concienciación, pieza clave para no llegar hasta el punto en el que nos encontramos, sino que cualquier ciudadano pueda conocer e identificar este patrimonio. También el expoliado y, por tanto, multiplicar el número de «Cancerberos» ante las búsquedas necesarias tras el expolio correspondiente. La existencia de inventarios en línea, desarrollados por parte de asociaciones como “Amigos del Románico”, complementan todo este esfuerzo. La otra cara de la moneda también implica reconocer el rol que, a modo de guía para los amigos de lo ajeno, permiten estos trabajos como ya sucediera durante la ocupación francesa con el «Diccionario de Artistas Españoles» de Agustín Ceán Bermúdez (1800). En todo caso, esta es una reacción inevitable.

 

La ermita de San Lorenzo en Boós (Soria) es una de las afectadas. Foto: Pedro Luis Huerta Huerta/Archivo FSMLR

Localizar las causas para suprimir los efectos

Provincias como Soria, Palencia y Segovia cuentan con un conjunto de patrimonio románico rural único y excepcional. Por desgracia, esta particularidad es, a su vez, su talón de Aquiles. La mayoría de bienes expoliados hasta la fecha son edificios ubicados en localidades con limitado número de habitantes, directamente despoblados o aislados en medio del paisaje peninsular. En algunos casos aún se conservan íntegros, en otros las fábricas aparecen con las cubiertas perdidas y sin protección de ningún tipo. Esta situación agiliza la destrucción y el robo. Plantear un sistema “anti-cacos” en todos los templos resulta en términos económicos imposible e insostenible. Y de esto se aprovechan los expoliadores. Así, ¿qué le espera a todo ese patrimonio en 20 ó 30 años?

Resulta urgente, inaplazable se podría añadir, por parte de las autoridades implicadas una puesta al día del patrimonio en mayor peligro, un seguimiento regular de estos complejos, la transferencia de bienes de entidad a otros puntos cuando no queden otras alternativas, una apuesta decidida por la educación junto a la revisión de la legislación tocante a esta materia y, por último, un mayor control sobre los mercados -visibles e invisibles- del Arte. Soluciones prácticas que pongan freno a esta constante derrama.

Tres columnas, tres capiteles y una basa fueron el botín del expolio que sufrió el pórtico de la ermita románica de Nuestra Señora de la Calzada, en el pueblo soriano de Brías. Foto: José Manuel Rodríguez Montañés/Archivo FSMLReal

Es sangrante que desde plataformas virtuales que funcionan como intermediarias, conocidas por todos, se puedan adquirir bienes sin ningún tipo de control y, en algunos casos, de dudosa procedencia e incluso originalidad: desde piezas de arqueología romana y capiteles románicos, hasta imágenes barrocas y bustos neoclásicos (*). Asimismo un paseo por el mercadillo de la Plaza Mayor de Madrid depara sorpresas similares, cambiando el formato, tamaños y otros aspectos (freno de una vez por todas a la venta de detecta metales). La clave del proceso es que, si existe oferta es que hay demanda, y este es el flujo a erradicar. En caso contrario, lo que se delata es una indiferencia por el patrimonio y la aceptación del tráfico de bienes, una situación de vulnerabilidad de la que se aprovechan los traficantes. Y del mismo modo que las Casas de Antigüedades siguen un control, es imprescindible aplicar iguales requisitos al mundo virtual y otras variantes.

El siglo pasado España sufrió de manera sistemática el despojo de su patrimonio, debate que ha llenado páginas y páginas, pero todo apunta a que una nueva oleada está por llegar. Solo desde el trabajo en bloque y desde la concienciación de que nos encontramos ante un problema general y con un patrimonio común, será posible frenar un expolio monumental que llenará otras miles de páginas que no todos los historiadores del arte estamos dispuestos a redactar.

Antonio Á. Ledesma

(*) Mientras se redactaba este texto ha salido a la luz pública la recuperación por parte de la Guardia Civil de un importante número de piezas arqueológicas sustraídas en la provincia de Burgos. La operación se ha producido gracias al «rastreo de publicaciones escritas y de páginas web del sector». Información disponible AQUÍ

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