Huesca: seis detalles de un románico singular

Huesca es una provincia cargada de historia y de arte, con unos paisajes espectaculares que hacen aún más atractivo cualquier itinerario por estas tierras. Por lo que respecta a su patrimonio monumental, atesora, probablemente, el conjunto de testimonios más completo del románico español, pues a la cantidad de edificios conservados se une la calidad de muchos de ellos y la variedad tipológica que muestran, desde ermitas, iglesias, catedrales o monasterios hasta fortalezas, residencias palaciegas y puentes. El catálogo se completa, además, con una amplia muestra de pintura mural, imágenes de culto y piezas del mobiliario litúrgico custodiadas en museos perfectamente acondicionados.

Sin temor a equivocarnos, podríamos realizar una síntesis del desarrollo evolutivo del románico, desde su estado embrionario hasta su ocaso, sin salir de sus actuales límites provinciales, ilustrando cada fase con creaciones de primerísima entidad, auténticas obras señeras del estilo.

Canal Patrimonio_ Pedro Luis Huerta Huerta 

Santiago de Agüero. Suelo de los Magos.

Entre tanta cantidad y variedad se observan detalles que abundan en la excepcionalidad de este románico y que permiten calibrar mucho mejor la calidad de sus artífices. En las páginas que siguen a continuación mostraremos una breve selección de obras, totalmente aleatoria, que a buen seguro hará comprender mucho mejor lo que acabamos de indicar.

 

Capitel del Sátiro

En el año 1077 Sancho Ramírez designa a Jaca como capital de su reino e instaura allí una sede episcopal al frente de la cual coloca a su hermano García que ejercerá funciones de obispo de Aragón. A partir de esos momentos es posible que se llevara a cabo la construcción de una catedral románica, en cuyas obras trabajarán, a lo largo de varias décadas, unos escultores de primerísima línea, entre los que destacan los llamados “Maestro de Jaca” y “Maestro del Sátiro”. A este último se atribuye un bello capitel que durante mucho tiempo estuvo escondido –y casi olvidado– en la penumbra del ábside meridional de la catedral, sirviendo de base a su mesa de altar. Después de una cuidadosa restauración se trasladó al Museo Diocesano de la misma localidad, donde actualmente se expone. Es una obra excepcional, de una gran calidad técnica y artística, en la que se hace patente la mano de un artista de primer nivel, buen conocedor de la estatuaria clásica y del imaginario dionisíaco.  En el centro de su cara principal, entre dos seres híbridos, se dispone la figura de un pequeño sátiro cuyo desnudo destila una especial sensualidad materializada en el ritmo sinuoso de las formas. Fue realizado en los primeros años del siglo XII para alguna dependencia desaparecida de la catedral o como decoración de un monumento funerario (el de Sancho Ramírez), según la propuesta de Francisco Prado-Vilar.

Detalle del Capitel del Sátiro. Museo Diocesano de Jaca

 

Claustro de San Juan de la Peña

El viejo cenobio pinatense, con su iglesia baja dedicada a los santos Julián y Santa Basilisa, ya había sido favorecido por Sancho III el Mayor, que introdujo allí la regla benedictina, y Ramiro I, que lo escogió como el lugar de enterramiento. Sancho Ramírez, además de convertirlo en panteón real y de nobles, eligió este monasterio en 1071 para introducir en sus dominios el nuevo rito romano, en detrimento del hispano-visigótico. El más destacado testimonio material de este periodo de esplendor fue la construcción, en las entrañas de la montaña, de la iglesia superior dedicada a San Juan Bautista. A lo largo del siglo XII, y en dos fases diferentes, se añadió a este conjunto un espectacular claustro románico en el que destaca la intervención de un prolífico maestro anónimo al que se ha denominado Maestro de San Juan de la Peña o también de Agüero por haber realizado el tímpano de la iglesia de Santiago de esa localidad. Este taller, activo en la segunda mitad del siglo XII, trabajó en varios lugares de la geografía aragonesa y navarra, desde la capital oscense, pasando por la Jacetania hasta las comarcas vecinas de las Cinco Villas y Sangüesa. Su estilo, muy homogéneo y uniforme, mantiene unas constantes formales y un vocabulario iconográfico muy similar. Destaca el particular tratamiento de los rostros, con unas cuencas oculares prominentes.

 

El sueño de los Magos

La iglesia de Santiago de Agüero se erige en medio de un frondoso paraje situado a un kilómetro del pueblo, muy cerca de los famosos Mallos. Se trata de un edificio inacabado del que sólo se llegó a construir su monumental cabecera triabsidal y la portada sur. Entre las muchas sorpresas que ofrece esta construcción destacan las reiteradas inscripciones con la palabra ANOLL y las delicadas llavecitas que decoran algunos de sus sillares y columnas. Además de esto, la iglesia de Santiago destaca por la abundante decoración escultórica repartida por el exterior e interior del templo, atribuible a varias manos o talleres. Una muestra de este despliegue se ofrece en las impostas que recorren el interior de los ábsides, con delicadas representaciones de carácter religioso. Entre las escenas representadas destaca el sueño de los Reyes Magos, que sigue un modelo iconográfico muy difundido en la época. En un mismo lecho se muestra a los tres personajes que asoman sus cabezas por encima de las sábanas, al tiempo que un ángel les indica que no vuelvan a visitar a Herodes.

 

Los Llorones de Susín

En la provincia de Huesca se han conservado también varios conjuntos murales de época románica que sirven para ilustrar cómo estuvo decorado el interior de muchas de estas iglesias. Algunos de estos testimonios se han mantenido in situ mientras que otros fueron arrancados de sus emplazamientos originales y trasladados a museos para garantizar su conservación. En el Museo Diocesano de Jaca se exponen las pinturas que decoraban el ábside de la iglesia de Santa Eulalia de Susín, fechadas en la primera mitad del siglo XII. El panel de mayores dimensiones es conocido popularmente como Los Llorones de Susín, por el gesto melancólico que trasmiten los rostros de sus figuras. Se trata de dos santos jóvenes e imberbes que apoyan sus cabezas sobre su mano derecha en un gesto de tristeza o meditación. Por desgracia, los restos conservados son tan fragmentarios que resulta imposible la correcta identificación de las imágenes. Para algunos, esa actitud doliente y pensativa aludiría a los testigos que asisten al martirio de la titular del templo, Santa Eulalia de Mérida, mientras que para otros serían apóstoles o personajes ligados al Apocalipsis. Se trata, en cualquier caso, de un grupo muy singular que se ha puesto en relación con las pinturas descubiertas en 2006 en la iglesia de Almazorre, consagrada el 6 de enero de 1131.

 

Cristo de Siresa

La iglesia de San Pedro de Siresa, en el Valle de Hecho, es uno de los edificios que más interés ha despertado entre los investigadores por sus dimensiones y peculiaridades arquitectónicas. Levantado en época de Alfonso I el Batallador (1104-1134), en el solar de un templo anterior, la iglesia se muestra como una sólida construcción de una sola nave, crucero destacado y cabecera de ábside semicircular. Durante las últimas obras de restauración se descubrió en el transepto meridional una soberbia talla de Cristo crucificado de más de dos metros de altura. La escultura, de muy buena factura, está realizada en madera de nogal y conserva todavía restos de su policromía original. Por la disposición de sus brazos se ha pensado que pudiera haber formado parte de un Descendimiento del que se han perdido el resto de figuras. En la parte superior del dorso conserva un receptáculo destinado a contener la reliquia del Lignum Crucis que se veneraba en este monasterio. Su cabeza está ejecutada con gran delicadeza y su rostro transmite una serenidad especial. Se fecha en los inicios del siglo XIII y es una de las obras maestras de la imaginería románica en Aragón.

 

La silla de san Ramón

Finalizamos este breve recorrido por algunos detalles del románico oscense con una pieza excepcional del mobiliario litúrgico: la malograda silla de san Ramón, custodiada en la catedral de Roda de Isábena. La pieza, muy mutilada tras el robo perpetrado por la banda de Erik el Belga en diciembre de 1979, es una silla del tipo consular, o de tijera, que se remata en sus ejes por garras y cabezas de león que aprisionan animales entre sus fauces. De su antigua ornamentación solo conserva algunos fragmentos con motivos vegetales y las ya mencionadas cabezas zoormorfas. Es una obra excepcional, tallada en madera de boj, de una calidad y destreza técnica fuera de lo común. Se atribuye al obispo san Ramón que ocupó la sede episcopal entre 1104 y 1126.

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