El papel de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando en la conservación del patrimonio

La historia de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando comienza con la llegada de los artistas italianos que vienen a Madrid para la construcción de un nuevo palacio, después del incendio que había destruido el Alcázar de los Austrias (1734).

Canal Patrimonio_José María Luzón Nogué

Llega entre el escultor Giovanni Domenico Olivieri, quien percibe la necesidad de formar jóvenes en las artes, sustituyendo el modelo gremial que hubo hasta entonces por el de una Academia en la que su educación se haría de manera ordenada y siguiendo unos pasos que iban a comenzar en el dibujo. Toda la idea de creación de esos estudios giraba en torno a las posibilidades que ofrecía el palacio destruido. Por una parte quedaban algunos yesos que habían decorado estancias del Alcázar y que fueron traídos por Velázquez para Felipe IV. Entre ellos la Ariadna del Belvedere, unos fragmentos del Laocoonte, la Nióbide corriendo de la colección Medici, el gladiador Borghese y algunas otras. En realidad este proyecto no se hubiera podido llevar a efecto de no ser porque el monarca cedió el uso de las estancias reservadas para él y su familia en la Casa de la Panadería y dotó las cantidades necesarias para que, a partir de 1744, se nombrase una Comisión Preparatoria que fue dando forma a la futura institución. Es, finalmente, en 1752 cuando Fernando VI accede a la creación de la Real Academia, dotándola de estatutos, profesorado y medios para la enseñanza.

Modernización de las artes y la sociedad

Esta Academia va a tener por delante los decenios de la Ilustración para cumplir un importante papel de modernización en las artes y la sociedad. Cuando leemos los estatutos de los años inmediatamente posteriores a su creación formal, comprobamos la constante preocupación por ennoblecer las tres artes que constituían la esencia de la Academia. Los maestros de los gremios dejan de serlo en arquitectura, escultura y pintura, pasando a llamarse profesores. Del mismo modo, los aprendices que se educaban artísticamente en el taller de un maestro, se convierten en discípulos y gozarán de un estatus especial. Estos cambios generan conflictos. Así los doradores de Cádiz reclaman para ellos todo trabajo que se haga en madera, los arquitectos de la nueva institución califican de “horrorosos” muchos proyectos presentados por los maestros de obras, y los pintores en alguna ocasión discuten si un fraile en un convento, sin haber recibido formación, puede o no ejercitar su arte. Leyendo los avatares de una Academia recién nacida, que sigue modelos extranjeros en la formación y en el gusto, podemos comprender el proceso traumático en el que fue protagonista la de San Fernando. Los impulsos de esta nueva institución estaban siempre basados en la modernidad, el progreso, y todas las ideas innovadoras de la Ilustración.

Modelo para la creación de otras

De la Real Academia madrileña surgieron los modelos para las que se iban a establecer en Sevilla, en Zaragoza, en Valencia, en Nueva España, y en otros lugares, a las que a veces se las reconocía con el título menor de Escuelas de Dibujo. De este modo transcurre el siglo XVIII y es en la centuria siguiente cuando comenzamos a ver sus efectos, pero también las necesidades de renovación que plantea la sociedad. La segunda mitad del XVIII verá la implantación de los modelos neoclásicos y la búsqueda del gusto en la antigüedad. Resulta significativo el hecho de que, cuando en 1776 se produce el traslado desde el reducido espacio de la Casa de la Panadería hasta su actual emplazamiento, adquirido por Carlos III, los artistas rechazan trabajar en un edificio que tiene una aparatosa fachada barroca. Era obra de Churriguera, pero buscan la forma de demolerla y sustituirla por la actual de diseño neoclásico, que se encarga a Diego de Villanueva. También cuando Mengs regala la colección de vaciados que tenía en Roma, para ser el núcleo fundamental de la galería de esculturas, impone que no se coloquen en las elaboradas y artificiosas basas barrocas, polícromas y doradas, sino en austeros pedestales “a la romana”. Un carpintero enviado por él, con dibujos suyos, hará nuevos pedestales, muchos de los cuales se conservan todavía. Sirva este ejemplo como muestra de la importancia que se daba a la utilización de los modelos clásicos y Mengs, con gestos como este y con el envío de su colección, contribuye al fomento del gusto neoclásico.

 

 

Formación de artistas y arbitraje de las artes

En la Real Academia de San Fernando se comenzaron a formar artistas que luego ocuparon lugares relevantes en la historia del arte español. Se les enviaba a Roma porque se consideraba que era allí donde iban a beber en las fuentes originales del arte y del gusto. Juan de Villanueva fue uno de los que pasó cinco años estudiando los edificios romanos y adquiere al poco de su regreso el reconocimiento de académico de mérito. Lo mismo podría decirse de artistas como Mariano Salvador Maella, quien ya destacaba siendo casi un niño entre los que iban a ser grandes dibujantes. Pasan por la Academia figuras notables como, Juan Adán, los Madrazo, Isidro González Velázquez, y muchos otros de los cuales se conservan los trabajos que hacían durante su etapa de formación.

El prestigio de la Academia en el arbitraje de todas las polémicas que pudieran surgir en el ejercicio de las artes la llevó a ser siempre considerada la máxima autoridad del Reino en estas materias. Por ello es depositaria de obras incautadas en circunstancias excepcionales. Un ejemplo es la disolución de la Compañía de Jesús (1766) y la incorporación, con este motivo, de algunas obras procedentes de las casas de la Compañía. Otro caso tiene lugar en 1779 cuando, con motivo de la aplicación de una Real Orden, se incauta un cuadro de Murillo (la Magdalena) en la aduana de Ágreda, para evitar su exportación al extranjero. Esta tradición de centro receptor de obras se va a mantener durante algún tiempo y será decisiva tras la ocupación francesa a comienzos del siglo XIX. Algunos conventos habían sido suprimidos por el gobierno de José Bonaparte y sus obras almacenadas de manera precaria. En otras ocasiones se llevaron cuadros a Francia, de los cuales algunos volvieron y estuvieron depositados también en la Academia. Fueron sus profesores y artistas los encargados de ordenar, limpiar y reparar muchas obras, que unas veces fueron devueltas a sus lugares de origen y en otras ocasiones quedaron para formar parte de la galería de cuadros destinada a la enseñanza. Solamente cuando, a partir de 1819, se crea el Museo Real de Pintura, se llevarán las obras que antes eran depositadas en la Academia de San Fernando. También ocurre cuando en 1836 se produce la gran convulsión de la desamortización de las órdenes religiosas y la incautación de todos los instrumentos científicos, librerías y obras de arte que se guardaban en los conventos. El gran depósito de Madrid durante los años inmediatamente posteriores fue el ex convento de la Trinidad, de donde muchas obras pasaron al Museo del Prado y otras quedaron en la Academia. Pero la creación de un museo nacional diferente del que había en el Prado y del que ya había consolidado la Academia fue un proyecto efímero que nunca llegó a abrir sus puertas, pero donde los académicos de San Fernando realizaron una gran labor protección del patrimonio e incluso durante algún tiempo parte de sus enseñanzas.

España, mercado de arte

Tras la Desamortización, España se convierte en un inmenso mercado de arte. Llegan marchantes y coleccionistas de todos los países que recorrían de norte a sur nuestra geografía para adquirir, con la mayor impunidad, obras maestras que llevaban a sus países. Hoy forman parte de innumerables museos. Pero hay otros episodios que afectan a la vida de la Academia en el siglo XIX y que habrá al menos que enumerar. En 1840 se crea la Escuela Superior de Arquitectura. A partir de este momento la formación que, desde hacía casi un siglo venía realizándose en San Fernando, cambia de lugar. También en el mismo siglo se consolida el establecimiento de una sede en Roma para la formación de los pensionados enviados desde España. Será el edificio de un antiguo convento en San Pietro In Montorio, en el Gianicolo. Finalmente, otro hito digno de mención es la incorporación de la música desde 1873.

Escuela Superior

La evolución de los planes docentes en el contexto del país llevó a que a fines del XIX se crease, segregada pero dentro de la propia Academia, la Escuela Superior de Pintura, Escultura y Grabado. En ella se formaron muchos nombres conocidos, hasta que en 1960 se trasladó del actual edificio de calle de Alcalá a otro construido en la Ciudad Universitaria. Fue el germen de la Facultad de Bellas Artes en la Universidad Complutense.

Sin embargo, la Academia no perdió nunca el papel de órgano independiente de carácter consultivo en muchas materias. Las administraciones locales, regionales y los ministerios recurren frecuentemente a la consulta que le es encomendada por las leyes de protección del patrimonio. Sus miembros participan como consultores en la redacción de las disposiciones de protección del patrimonio y, cada vez más, este papel se está reforzando fuera de España, puesto que la Unión Europea está recurriendo a estas instituciones porque se la considera “al margen de intereses económicos y políticos”.

La actividad de restauración y recuperación del patrimonio que ha desarrollado la Academia de San Fernando en los últimos años ha tenido varias facetas. Una de ellas se ha centrado en la colección de vaciados de yeso. En primer lugar, los adquiridas por Velázquez para el Alcázar. Seguidamente los enviados desde Nápoles para Carlos III en el siglo XVIII. Finalmente, los de las de las colecciones de Mengs y de Buen Retiro. Todos ellos hacen que sea una de la galerías de reproducciones más antiguas de Europa, con un conjunto de 1.300 obras de gran interés. Por este motivo, en 2004 la Academia fue galardonada con la medalla de plata a la Bellas Artes por parte de Europa Nostra. Igualmente en 2006 las restauradoras Judit Gasca, Angeles Solís y Silvia Viana recibieron el Premio Nacional de Restauración por la labor realizada en esta colección y las técnicas de limpieza de las obras en yeso. Por último, mencionemos, aunque sea brevemente, la labor de recuperación del patrimonio musical iberoamericano, llevado a cabo y dirigido por el académico Ismael Fernández de la Cuesta, asistido por un grupo de colaboradores en numerosos países.

Es también quizás poco conocido el hecho de que en 2010 se promulgó la Ley de la Ciencia a la que se incorporaron, como instituciones específicamente reconocidas, las Academias adscritas al Instituto de España. Cuenta la de San Fernando con un enorme potencial humano de larguísima trayectoria, gran experiencia y capacidad de transmisión de conocimiento a las generaciones más jóvenes. Ese es el espíritu con el que se han iniciado los proyectos de investigación, tanto a nivel europeo como de carácter nacional. De este modo, se han realizado en los últimos años investigaciones que colocan a los equipos que los realizan en un lugar muy destacado. El proyecto del vocabulario artístico, dirigido por el profesor Antonio Bonet, dará la respuesta adecuada a la modernización y actualización de la terminología amplísima utilizada en todas las artes. La participación en el Corpus Vitrearum, de la mano de quien es su representante en España, el profesor Víctor Nieto, es ahora uno de los proyectos asociados a esta institución. De igual modo, el estudio de una casa pompeyana empezada a excavar en tiempos de Carlos III, es otro de los trabajos de amplia repercusión internacional. Los resultados han sido la base para la elaboración de un modelo de libro multimedia dianaarcaizante.com en el que tienen cabida archivos digitales que no pueden ser editados en papel.

Protección del patrimonio y nuevas tecnologías

Algunos no esperan que una Academia fundada en el siglo XVIII sea realmente una institución inmersa en la protección del patrimonio, utilizando las más avanzadas tecnologías. Resultado de ello ha sido también la edición de otro libro multimedia dedicado al yacimiento arqueológico de Numancia. En él se incluyen archivos sonoros, videos, imágenes 3D, topografía elaborada con drones, imágenes tridimensionales de georradar y una variedad de archivos que dan idea de la forma en que en el futuro se van a poder documentar de manera muy minuciosa los yacimientos arqueológicos. El libro numanciamultimedia.com es un ejemplo de lo que puede hacer por la protección y difusión del patrimonio una Academia, por la que pasaron las obras requisadas por los franceses, las incautadas cuando se trataban de exportar, las que se vieron en la zozobra de la desamortización y las que han tenido que sufrir en muchas ocasiones los avatares de nuestra historia.

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