Patrimonio con sonido propio

Los órganos barrocos de Támara de Campos y Santoyo, en Palencia, son joyas excepcionales del patrimonio musical. Su belleza plástica y su sonido dulce y auténtico atrae a expertos de todo el mundo. Son ejemplos paradigmáticos del patrimonio organístico, que nos trasladan a los sonidos del pasado.

Canal Patrimonio_Aida Acitores

Organo de la parroquia de San Hipólito el Real. Támara de Campos. Palencia_Aida Acitores

Organo de la parroquia de San Hipólito el Real. Támara de Campos. Palencia_Aida Acitores

De la belleza extraordinaria de San Hipólito el Real, iglesia catedral de la pequeña localidad de Támara de Campos, se sabe ya en la comarca palentina de Tierra de Campos. Pero más desconocido para el turista es el gran tesoro que alberga: el órgano barroco que mantiene su equilibrio desde hace casi tres siglos sobre una delgada columna de madera, ornamentada profusamente con motivos marmóreos.

Muy cerca de allí, en Santoyo, otra iglesia catedral alberga otra joya inigualable: el órgano de la parroquia de San Juan Bautista. Su espectacular mueble barroco, ornamentado con ángeles dorados, sólo es equiparable en calidad a la dulzura de su sonido.

Órgano de la parroquia de San Juan Bautista. Santoyo. Palencia_Aida Acitores

Órgano de la parroquia de San Juan Bautista. Santoyo. Palencia_Aida Acitores

Ambos instrumentos son claros ejemplos de un hecho que a menudo pasa desapercibido en el mundo de la protección del patrimonio: no sólo constituyen una obra de arte de primera calidad, sino que además son instrumentos que conservan la misma sonoridad que cuando fueron construidos a mediados del siglo XVIII, y que nos transmiten la misma emoción a través de la música que debieron sentir entonces los feligreses de ambas villas palentinas.

Pedro Merino de la Rosa es el autor de estos instrumentos, dos de los más interesantes de los que podemos encontrar en la provincia de Palencia y, en particular, en la comarca de Tierra de Campos, una zona que alberga magníficos órganos barrocos.

De un tiempo para acá, la restauración de algunos de ellos ha permitido no sólo recuperar su belleza plástica y sonora, sino, sobre todo, dinamizar la vida de las localidades que los guardan, situándolas en las rutas especializadas y en los ciclos de conciertos, como el Festival de Órgano que cada verano organiza la Diputación de Palencia. De hecho, hasta ellos se han desplazado especialistas y organistas de todo el mundo, que los eligen para impartir cursos, ofrecer conciertos y realizar grabaciones de discos, por su sonido dulce y auténtico.

Concierto en Támara de Campos. Palencia_Aida Acitores

Concierto en Támara de Campos. Palencia_Aida Acitores

A menudo, su recuperación es un proceso largo en el tiempo y exigente en los esfuerzos, y se logra gracias al empeño personal de los propios vecinos de la localidad y sus autoridades políticas y religiosas. Es el caso de los instrumentos de Támara y Santoyo, que tienen en sus parroquias y Ayuntamientos a auténticos divulgadores de su importancia y guardianes de su conservación presente y futura.

Como afirma Federico Acitores, el maestro organero que realizó su restauración (en 1986 el de Támara de Campos y en 1998 el de Santoyo), la recuperación de un elemento del patrimonio tan singular como es un órgano no sólo consiste en conservar sus materiales para devolverlo a su esplendor pasado: sobre todo «tiene que recuperar su “particular forma de sonar”, evitando realizar “armonizaciones creativas”» acordes con estéticas modernas, que alteran su timbre y su composición técnica y mecánica –pues no hay que olvidar que, en última instancia, un órgano es una antigua máquina, una de las más complejas que existían en la época-.

«El órgano debe sonar como salió de las manos de su autor y nunca como las del organero restaurador. Cuanto menos se intervenga en un instrumento antiguo, mayor será su grado de originalidad. Sólo hay que intervenir para conservarlo», subraya.

Ángeles que coronan el órgano de Santoyo. Palencia_Aida Acitores

Ángeles que coronan el órgano de Santoyo. Palencia_Aida Acitores

El autor: Pedro Merino de la Rosa

El organero burgalés Pedro Merino de la Rosa es el autor de estos dos instrumentos que, junto con el de la iglesia de la Asunción de Villasandino (Burgos), constituyen una “trilogía” muy interesante para conocer la obra de este maestro.
El órgano de San Hipólito El Real, en Támara de Campos, lo construyó en 1732, con intervenciones posteriores de su hijo, Agustín Merino de la Rosa, y otro organero de la tierra, Antonio Ruiz Martínez. El organero burgalés concibió el nuevo órgano sobre una caja más antigua, obra de Gregorio Zabala (1666). La sustentación de la tribuna sobre una columna parece ser única en el mundo, según la información que publica la Asociación de Amigos del Órgano de Palencia.

Si el de Támara sorprende por su sonido y su belleza estética, el de Santoyo deslumbra a cuantos se acercan hasta la parroquia de San Juan Bautista para contemplar su hermosa caja, ricamente decorada con tallas, molduras y esculturas doradas y policromadas, y disfrutar de su sonido único, a juzgar por el interés que suscita entre los especialistas de todo el mundo.

Demonio tallado en el mueble del órgano. Santoyo. Palencia_Aida Acitores

Demonio tallado en el mueble del órgano. Santoyo. Palencia_Aida Acitores

Junto con sus hijos Agustín y Antonio, el maestro Pedro Merino de la Rosa construyó en el año 1738 este magnífico instrumento, que probablemente fue su última obra. Lo hizo sin utilizar materiales del instrumento anterior, que fue vendido a Itero del Castillo, por lo que pudo dar rienda suelta a su creatividad sin tener que constreñirse a una caja existente. Gracias a ello, el órgano de Santoyo constituye un ejemplo paradigmático del estilo de órgano barroco castellano de las parroquias rurales, que hoy se estudia entre los especialistas de todo el mundo.

Su buena conservación hasta el momento de su restauración en 1998, con un 77% de la tubería original –circunstancia poco habitual-, nos permite hoy escuchar el timbre exacto que su autor quiso legar a los parroquianos de Santoyo, y por ende a todo aquel que quiera acercarse a conocer estas dos extraordinarias piezas, únicas en su género.

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