La ermita de San Pelayo en la pequeña localidad palentina de Perazancas de Ojeda se construyó hace más de mil años, en el siglo XI. Desde entonces arrastraba un problema estructural, hoy solucionado gracias a la restauración promovida por la Junta de Castilla y León.

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Aunque no es frecuente hablar de los defectos constructivos de algunas obras medievales, sí existen y pueden llegar a provocar graves problemas estructurales. Ejemplo de ello es la ermita románica de San Pelayo en Perazancas de Ojeda (Palencia). Durante años, técnicos y especialistas investigaron sin resultado el porqué del deterioro del edificio. Un daño visible e incluso palpable en las grietas y en el paulatino hundimiento de parte del inmueble, circunstancias que obligaron a abordar una intervención de urgencia en 2008 para apuntalar el ábside y el lateral del hastial.

La realización de diferentes catas de geotecnia, sondeos, estudios planimétricos y seguimientos arqueológicos permitió determinar qué le ocurría exactamente al edificio: su talón de Aquiles estaba en el origen, en la construcción del templo. Un terreno inestable, una cimentación deficiente, una carga excesiva en los paramentos ábside y las escorrentías de agua procedentes de la ladera constituían, a grande rasgos, las principales causas de su deterioro.

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Descender a los cimientos

La solución no era sencilla. Implicaba descender a la raíz, a los cimientos, albañiles trabajando cual auténticos mineros, invisibles en la profundidad de una cimentación endeble, insuficiente para un edificio que se asienta sobre un terreno de poca capacidad portante y baja resistencia. El refuerzo de la cimentación se efectuó mediante una excavación organizada en distintos secciones o bataches, distribuidos en cuatro grupos, para ir progresivamente rellenando con hormigón, tramo tras tramo, con la destreza que requiere introducir la masa a casi dos metros de profundidad.

El trabajo no estuvo exento de dificultades, como la aparición de un zuncho de hormigón perimetral no documentado, que hubo de acomodarse y adaptarse al nuevo refuerzo. Descender a los cimientos sirvió también para confirmar su debilidad estructural y para corroborar que no se trataba de algo nuevo. El descubrimiento de un conjunto de enterramientos, en su mayoría de lajas, desgajados e inclinados, por la fragilidad del terreno, apuntaba a que el problema venía de antaño.

Reconstrucción de la cubierta

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Asegurada la estabilidad del templo y los muros, comenzó la siguiente fase, el desmontaje de la cubierta del ábside, para liberarla de carga. Objetivo que se logró retirando el relleno de hormigón armado de la bóveda, para posteriormente consolidar su estructura, rejuntado los sillares y reforzando mediante la colocación de capas sucesivas y alternas de mortero de cal y fibra de vidrio, más ligeras y resistentes.
Con el diseño de una nueva estructura de madera y de un sistema de apoyos se ha logrado que la cubierta descanse sobre el muro perimetral, sin transmitir cargas horizontales a la cabecera.

Protección y consolidación de pinturas murales

 

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En todo momento, durante el proceso de restauración, se tuvo en cuenta la pervivencia en el interior del templo de un conjunto de pinturas medievales, que fueron protegidas durante la intervención, sometiéndolas, antes y después, a un tratamiento de consolidación.

La actuación, ejecutada por la  constructura Peache, ha requerido de la participación de expertos de universidades e instituciones como la Fundación Santa María la Real del Patrimonio Histórico y se completó hace unos meses con un doble drenaje del entorno del edificio para evitar la humedad procedente de las escorrentías de agua de la ladera.

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Desde allí, recostado junto a su perro a unos metros de la iglesia, uno de los vecinos sigue atento y despreocupado la visita oficial al templo. A sus 86 años ha visto ya todo tipo de obras en la ermita y allí a dos pasos de las “autoridades”, expresa en voz alta sus deseos “ahora sí, igual va y nos dura otros mil años”, dice ufano. De que se cumpla su deseo se encargarán, al menos en parte, los sensores instalados en el edificio para garantizar su conservación preventiva.

IMÁGENES: Diferente fases del proceso de restauración de la ermita de Perazancas de Ojeda (Palencia); así como de la visita oficial al templo. Archivo Fsmlrph.