Puesta en valor de la Casa de Ejercicios Espirituales San Ignacio de Loyola

El Casco Histórico de la ciudad de Buenos Aires constituye un lugar único e irrepetible. Ningún otro en la ciudad atesora la memoria y la historia de Argentina. Por sus dimensiones, la calidad de sus espacios públicos y sus edificios y por haber sido el marco de importantes acontecimientos del pasado, trasciende el nivel local y alcanza jerarquía internacional. En ese contexto el gobierno de la Ciudad de Buenos Aires puso en acción un plan de puesta en valor de la fachada de la Santa Casa de Ejercicios Espirituales San Ignacio de Loyola.

Canal Patrimonio_Miguel Cabrera

Ubicada en el barrio de Constitución de la capital Argentina, constituye un orgullo para la ciudad ya que es uno de los pocos templos de arquitectura colonial que se conservan en Buenos Aires. Es el único ejemplo de su tipología que aún subsiste, está conformado por claustros, patios y capillas de fines del siglo XVII y principios del siglo XIX. La normativa otorga protección edilicia al inmueble con el fin de regular las posibles intervenciones en el edificio. La casa ocupa casi toda una manzana y es considerado el edificio más colonial de la ciudad, no por su antigüedad sino por ser el menos modificado, ya que casi toda su estructura permanece intacta como lo era en sus orígenes.

Historia

La Santa Casa de Ejercicios Espirituales San Ignacio de Loyola fue creada con el objetivo de mantener viva en el país la obra de los Jesuitas y la práctica de los Ejercicios Espirituales creados por San Ignacio de Loyola, fundador de la Compañía de Jesús, luego que esta fuera expulsada del país.

Así es que en 1795, una mujer laica consagrada al servicio, asumió la difícil tarea de construir el actual edificio que alberga “La Santa Casa”. Su nombre era María Antonia de Paz y Figueroa, beatificada en 2016 como Mamá Antula. La obra concluyó en 1810, sin embargo, la casa fue habilitada en 1799, año en que falleció su fundadora. A lo largo del siglo XIX se sumaron nuevas construcciones, que albergaron la Casa de Rehabilitación para Mujeres y Niñas, el Colegio para Niñas externas y pupilas y la Casa de Reclusas, construida en 1900.

En sus primeros años no sólo se utilizaba para la práctica de Ejercicios Espirituales, sino que también funcionaba, el beaterio donde residía su creadora y otras beatas más, quienes con el tiempo, se convirtieron en monjas bajo el nombre de Sociedad Hijas del Divino Salvador, instituidas en el año 1878 y que aún continúan al frente del lugar. En la antigua Casa de Reclusas hoy funciona la Academia de Bellas Artes Beato Angélico.

El edificio

Se trata de un edificio de planta colonial clásica, donde se repiten las características de las construcciones rurales de la España medieval, con muros muy amplios, con pocas ventanas al exterior y un atrio en la entrada que servía entre otras cosas para dar refugio a la gente que quería pasar la noche bajo techo.

El conjunto está integrado por tres claustros y seis patios, con celdas para las religiosas y para los ejercitantes, dos capillas públicas la del Nazareno, donde se venera una imagen colonial de origen cuzqueño de Jesús Nazareno y la del Divino Salvador, vinculada con los claustros de los ejercitantes y otra privada.

A través de sus ventanas se puede apreciar el ancho de sus muros, de un metro de espesor. Esto es debido a que en las cercanías al Río de la Plata, las casas auténticamente coloniales se construían sin cimientos, y se mantenían en pie gracias al grosor de sus paredes. Las rejas son de hierro forjado simple, con bordes angulosos como todas las rejas coloniales.

Aun hoy las puertas, todas originales, son de madera de ñandubay. Como las casas medievales de España, tienen postigos que se confeccionaban a mano. En la actualidad las paredes están decoradas con cuadros viejos pintados con óleo y muebles tallados a mano.

Beata Mamá Antula

Esta singular mujer tuvo un importante rol en la difusión del Evangelio en las provincias rioplatenses durante los últimos tiempos coloniales.

Nació en lo que hoy es la provincia de Santiago del Estero, recorrió a pie miles de kilómetros, como tenaz misionera, vestida como monja aunque no lo era, descalza, apoyada en una cruz alta que usaba a modo de báculo, en la otra mano el libro de los Ejercicios Espirituales, acompañada por otras mujeres, enfrentando todas las molestias y riesgos de los caminos coloniales, viviendo de la caridad, de pueblo en pueblo llegó a Buenos Aires; y todo ello con el fin de mantener viva la llama de la espiritualidad ignaciana luego de la primera expulsión de los jesuitas del Virreinato del Rio de la Plata, en 1767.

El lugar sagrado de la casa, es la celda número 8 donde vivió y murió la hoy beata Mamá Antula. El piso se mantiene como era originalmente. Aquí todos los objetos hablan de ella. Un cuadro con su imagen, que fue pintado mientras vivía, obra del artista José Salas. Sobre la pared lateral se encuentra el leño de ñandubay que se encontró el 25 de Mayo de 1867, en el camposanto de la Iglesia de la Piedad y hacia la izquierda la lápida de la tumba que construyeron cuando la sacaron de ese lugar anónimo donde estuvo enterrada para trasladarla al interior de la iglesia Nuestra Señora de la Piedad. Posteriormente, cuando construyeron el mausoleo, sus restos fueron trasladados y la lápida fue llevada a la Casa de Ejercicios. Por último, podemos observar un altar de estilo morisco con incrustaciones de nácar fue el regalo de los Virreyes del Perú en agradecimiento por una petición concedida.

IMÁGENES: Interior, exterior y detalles de la Santa Casa de Ejercicios Espirituales San Ignacio de Loyola. Silvia Zapata

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