Una catedral en el corazón de Europa

La influencia del obispo don Mauricio sobre los reyes contribuyó a la construcción de la seo burgalesa, que cumple ocho siglos en 2021, y cuya vinculación transpirenaica fue clave como símbolo de la ciudad

Canal Patrimonio_Juan López/ ICAL

 Bruselas, Bélgica – Exposición “Burgos: Tierra de orígenes”, en el Parlamento Europeo, con motivo del VIII centenario de la construcción de la Catedral de Burgos 2021. © Bernal Revert/ ICAL

“Las catedrales son una historia del arte en secuencia, un elemento vivo. Y la de Burgos lo ha demostrado mejor que otras”. René Payo, presidente del Consejo Asesor de la Fundación VIII Centenario de la Catedral. Burgos 2021, relata cómo piedra a piedra la seo burgalesa se ha convertido en la imagen pretérita, actual y de futuro de una ciudad que a comienzos del siglo XIII era, junto a León y Toledo, la más importante del Reino de Castilla.

La Catedral burgalesa es el mejor símbolo de la vocación europea de una ciudad, Burgos, y de un reino, el de Castilla, que con la espada en una mano pelea en el sur por el ideal de una Península cristiana y con la báscula en la otra mira hacia el dinamismo del Viejo Continente para convertirse en un centro comercial de primer orden.

En esta Edad Media, menos oscura de lo que se ha escrito, Burgos es la puerta del comercio con Europa que canaliza a través del Consulado del Mar y el foro en el que las nuevas ideas de optimismo, luminosidad, sublimación a través del arte y pensamiento urbano que nacen en Alemania y Francia y llegan a Castilla a través del Camino de Santiago, esa especie de Calle Mayor de Europa. Ese burgo autosuficiente y ambicioso se hace morada en una catedral que reúne en sí misma una ‘summa’ de los saberes de entonces que la convierte en templo y escuela para conformar un relato inteligible del alma de la ciudad.

La Catedral de Burgos es, por lo tanto, un símbolo de los valores urbanos y de una orgullosa Castilla que lidera el gran proyecto de la Reconquista cristiana de la Península. La ciudad con el recuerdo aún vivo del Cid Campeador se hace mayor con una seo que se convierte en el epicentro del nuevo arte en España, el gótico. En ese momento, Burgos era Europa y Europa era Burgos.

Ocho siglos después se hace evidente la estrecha ligazón más allá de los Pirineos, gracias a los artistas del gótico francés, a los arquitectos alemanes y a los renacentistas italianos. Esa misma vocación es la que preside los actos de conmemoración del VIII Centenario de la seo, uno de cuyos hitos es llevar al mismo corazón de Europa, el Parlamento que representa a los 28 países de la Unión, una exposición que, con el lema ‘Burgos: Tierra de orígenes’, quiere poner en valor el alma europea de una ciudad que se reclama universal.

El origen mismo de la Catedral enraíza con este espíritu europeo. Payo recuerda que el impulso de tres líderes permitió construir sobre los cimientos de una catedral románica un centro renovado con los “nuevos gustos transpirenaicos”. El principal, don Mauricio, a quien “no le fue difícil convencer a los reyes, Fernando III el Santo y Beatriz de Suabia”, de la oportunidad de situar Burgos en el centro del arte europeo. “Mauricio se había educado en París, donde había conocido el gótico, el estilo innovador y de vanguardia que se experimentaba en Francia; un cambio de gusto y nueva forma de ver la religión, más cercana, más dinámica, más pegada al mundo y diferente al entendimiento de la idea de Dios del Románico, donde todo era más oscuro”, sentencia Payo.

 Bruselas, Bélgica – Exposición “Burgos: Tierra de orígenes”, en el Parlamento Europeo, con motivo del VIII centenario de la construcción de la Catedral de Burgos 2021. © Bernal Revert/ ICAL

Por ello, la Catedral está vinculada a la Île-de-France, al igual que Notre Dame, Reims o Amiens. Eran “nuevas construcciones, edificios muy grandes y dominados por la luz”. Allí, el prelado sueña con trasladarlo a España y persuade a los reyes de la “importancia” de hacerlo, además, “en una ciudad tan relevante como Burgos”. Y en ese momento, la Iglesia y la monarquía deciden que la ciudad bañada por el Arlanzón albergue la primera catedral gótica de España.

Es por ello que Burgos se convierte en epicentro del nuevo arte. “Se intentan copiar métodos, tecnologías, llegan artesanos y canteros franceses”, prosigue este catedrático de Historia del Arte, quien matiza que “había más conexiones entre los profesionales de entonces de las que se creen”. “Todos los sectores de la ciudad iban de la mano porque aunque el sentimiento principal era religioso, sabían que sería un elemento de identificación para la ciudad y sus habitantes. El símbolo. Y como tal ha llegado a nuestros días”, asiente en declaraciones a Ical. La importancia del proyecto es de tal envergadura que en él “estaba comprometida la imagen de la monarquía”.

La llegada de los artistas

La Catedral, desde la colocación de su primera piedra el 20 de julio de 1221, acogió a artistas y escultores de todos los rincones del continente, que hicieron de Burgos su peculiar cuartel de trabajo para levantar una infraestructura única en la Península en aquel momento. Junto a los componentes de la escuela gala llegan los primeros arquitectos, de la familia Colonia, originaria de Alemania, y cuyas actuaciones modificaron el perfil del templo. Entre ellos destaca la figura de Juan de Colonia, quien introdujo el gótico flamígero y es autor de las agujas de las torres, “símbolo de los símbolos” de la Catedral, culminadas en el siglo XV y que tuvieron gran repercusión en otros templos españoles.

Pero la mezcolanza no se detuvo. René Payo subraya que le siguieron otros estilos que dominaron en Europa, como el Barroco, también procedente de un modelo francés. De hecho, en la decoración de las esculturas de las portadas del Sarmental, de la Coronería y del Claustro existe una clara influencia del país vecino, gracias a escultores que luego trabajaron en la también célebre Catedral de Amiens.

La construcción fue muy rápida: en los nueve primeros años ya estaban concluidos el coro-ábside, la cabecera y las naves de la girola con sus capillas absidales, quedando dispuesta para el culto en 1230, año en que se realizó la primera consagración. A partir de esa fecha se comienza a derribar la catedral románica, intacta hasta ese momento. Las obras continúan con la conclusión de la nave del crucero y sus portadas, y se inician la central y las laterales, “que quedarían rematadas en 1260, año de la consagración de todo el templo”, según recuerda Payo.

Tiempo récord

Solo se tardaron 39 años desde la colocación de la primera piedra, un récord para la época. “Pero la Catedral siempre estaba en obras”, sostiene este especialista, puesto que constituída ya en el símbolo por excelencia de la ciudad, cada generación quiso dejar en ella su impronta para los siglos venideros y con ella mostrar orgullosa al mundo el dinamismo y el potencial económico de la ciudad. De ahí, las continúas ampliaciones, con las novedades estéticas del momento y el interés en que los mejores artistas de cada época participen en este libro abierto de la historia de Burgos.

Por ello, durante el siglo XV también se unieron artistas de Flandes como Gil de Siloé o el borgoñés Felipe Bigarny. Otro miembro de la familia Colonia, Simón, participó en la creación de la capilla de los Condestables. Asimismo, la seo burgalesa fue también uno de los primeros edificios españoles en los que aparecen los primeros ejemplos del Renacimiento italiano: la escalera dorada, el cimborrio, que se mezcla con la tradición gótica y el arte mudéjar, y “todo el aparataje”. Y es que la Catedral burgalesa “se convirtió también en el centro del Renacimiento en España”, remarca el profesor.

Las ampliaciones se dieron por concluidas en el siglo XVIII con la nueva sacristía y la capilla de las Reliquias. Pero las obras, en general, continuaron hasta el XIX. “Cuando llegó la desamortización de Mendizábal, la Catedral perdió capacidad económica y se dejaron de hacer obras, incluso las de restauración”, agregó.
Del conjunto de piezas pictóricas que atesora sobresalen las de orígenes europeas, como las de Flandes, de donde proceden los tapices catedralicios, o la pintura del Renacimiento italiano, con obras de Sebastiano del Piombo y Giovanni Pietro Ricci.

La armonía de estilos en la seo burgalesa mereció la declaración de la Catedral como Patrimonio Mundial por la UNESCO en 1984. En 2021, 37 años después, se conmemorará el VIII Centenario. El camino hacia la efeméride empieza en Bruselas, corazón de Europa, con una muestra cuya inauguración contó con el presidente de la Eurocámara, Antonio Tajani; la presidenta del Congreso, Ana Pastor; del Senado, Pío García-Escudero; de la Junta, Juan Vicente Herrera, y el alcalde de Burgos, Javier Lacalle, entre otras autoridades.

Imágenes: Bernal Revert/ ICAL

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