Antes de que su torre parisina maravillara al mundo, el nombre de Gustave Eiffel saltó a la fama internacional en Portugal, donde el deslumbrante puente Doña María Pía de Oporto marcó el inicio de su arquitectura de hierro.

Canal Patrimonio

Puente Oporto- EFE- 25082014

En el aniversario de los 125 años de la emblemática Torre Eiffel de París, uno de los monumentos más retratados y visitados del mundo, muchos no saben que el ingeniero francés fraguó esta obra maestro años antes en Portugal. Fue allí, en el país ibérico, donde un joven lleno de ambición  encontró su “primer gran éxito en términos internacionales”, afirma Paulo Oliveira Ramos, profesor de Historia y Arqueología Industrial en la Universidad Abierta de Portugal.

A través de un concurso público de la monarquía portuguesa, Eiffel se hizo responsable de una de las mayores de infraestructuras en Portugal. Más de 150 trabajadores participaron en las obras de las 1.600 toneladas de hierro que moldearon sobre el río Duero el puente ferroviario, “empleando unas técnicas revolucionarias para la época, con el mayor arco invertido edificado hasta entonces”, añade Oliveira Ramos.

Los reyes de Portugal, Luís I y María Pía, inauguraron en 1877 el puente por el que pasaron los primeros trenes y que funcionó durante más de un siglo. Para Eiffel, el monumento se había construido “en el límite de las posibilidades clásicas de la construcción metálica”, pero sobre todo el logro le sirvió de promoción a su nombre.

Punto de partida
La publicidad de la construcción, que fue mencionada en grandes periódicos de la época, le ayudó a ganar nuevos concursos en Portugal y otros países, y a acelerar el progreso de su carrera. Con las maquetas y planos del mismo viaducto, aparecía en ferias y reuniones con sus clientes por el mundo para demostrar su valía y sus técnicas, según el historiador, que destaca su avanzado espíritu negociante y de mercadotecnia.

En Portugal, Eiffel y sus discípulos se convirtieron en un referente y recibieron decenas de proyectos entre 1875 y 1890, quince años que fueron “determinantes” para del genio francés. Muchas de sus obras desaparecieron, como el puente de Viana do Castelo; otras permanecen aunque sin ser estudiadas con detalle como la estación de Alcantara-Mar, en Lisboa, y hay dudas sobre su autoría en la Casa de Hierro en Maputo (Mozambique), antigua colonia portuguesa.

Su impacto se alargó a través de su influencia en colaboradores, cuyas obras han sido en varias ocasiones atribuidas erróneamente a Eiffel, como el majestuoso ascensor de Santa Justa en el centro de Lisboa, en la que se observa una clara influencia del francés.

Años posteriores
Ya en sus últimos años en Portugal su mente empezó a imaginar y proyectar la torre, cuya construcción se concluyó en 1889 para la Exposición Universal. Y aunque las críticas arreciaron a Eiffel cuando la torre se desveló al mundo por considerarla no acorde con los cánones del momento, su popularidad resolvió los desencuentros estéticos y una obra que iba a ser desmontada en veinte años cumple ya más de un siglo.

En el ocaso de su carrera, el ingeniero, que falleció a la avanzada edad de 91 años, acabó involucrado como empresario en un caso de corrupción en las obras del Canal de Panamá que ensució su imagen y le condujo a dejar las grandes obras. Desde entonces, se refugió en el estudio científico de la aerodinámica y de la meteorología, al que se dedicaba en un gabinete en lo alto de la torre Eiffel, donde trabajó durante años siempre con una fotografía del puente portugués colgada en la pared.

IMAGEN: Antes de que su torre parisina maravillara al mundo, el nombre de Gustave Eiffel (1832-1923) saltó a la fama internacional en Portugal, donde el deslumbrante puente Doña María Pía de Oporto marcó el inicio de su arquitectura de hierro. EFE