Tras haber analizado los orígenes del Camino y las formas de peregrinación, estamos preparados para recorrer las principales infraestructuras de la ruta Jacobea. Hoy nos adentramos en calzadas y puentes.

En líneas generales se podría hablar de dos grandes categorías dentro de la red de caminos medievales: los de larga distancia y los de ámbito local que comunicaban unas aldeas con otras. En cualquier caso, la falta de un análisis sistemático, tanto documental como arqueológico, de estas vías dificulta conocer la traducción material de las rutas que los documentos mencionan de mil formas diferentes. Según José Ángel García de Cortázar, por ejemplo, los caminos medievales respondían a tres órdenes distintos de acuerdo con su status jurídico, su utilización para carros, animales o senderos para personas y su importancia dentro de la red viaria. 

Sea como fuere, hoy con los historiadores Pedro Luis Huerta y Jaime Nuño de la Fundación Santa María la Real, vermos que, independientemente de la clasificación, muchos de estos caminos no eran más que sendas de herradura por las que a duras penas se podría transitar con una cabalgadura o un carro pequeño. Así los describían en Fuero Viejo de Castilla:

“El camino que sale de la villa para fuente de agua haya la anchura suficiente, para que puedan pasar dos mugeres con sus orzas: el que vá para otras heredades, debe ser tan ancho, que si se encuentren dos bestias cargadas, puedan pasar sin embarazo alguno; y el camino de ganado debe ser ancho, quanto baste á que puedan pasar dos perros” (Libro V, título III, ley XVI).

 

 

En entregas anteriores 

 

1. El descubrimiento del sepulcro y la propaganda compostelana

2. Los primeros peregrinos

3. La formación del Camino principal y su consolidación

4. Los caminos alternativos y rutas secundarias

5. La peregrinación a Compostela a lo largo de la historia

6. Los motivos de la peregrinación

7. Ritos y ceremonias