Una moneda acuñada en Samarcanda (Uzbekistán) hace algo más de un milenio forma parte de un tesoro hallado en La Rinconada (Sevilla), que está compuesto por cientos de monedas del emirato omeya, lo que demuestra que Al-Andalus fue uno de los principales centros comerciales y estratégicos.

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Monedas Museo Arqueología Sevilla- EFE- 06092013
Las aventuras que corrió la moneda desde la lejana Asia hasta Sevilla debieron ir paralelas a la del soldado que la llevó en su bolsa, a las del comerciante que acarreó exóticos productos o a las del sabio que regresó de Oriente para impartir los conocimientos allí adquiridos entre sus discípulos de Al-Andalus, ha explicado a Efe el profesor Pedro Cano.  Esas eran las tres ocupaciones que justificaban hacer ese largo trayecto durante el emirato omeya (siglos VIII y X dC), aunque también pudo hacerlo de mano en mano desde el actual Uzbequistán, e incluso el actual Pakistán, atravesando Oriente Medio, y todo el norte de África hasta llegar a Sevilla puede que camino de Córdoba, la capital de entonces.

Especialista en numismática y profesor del Área de Estudios Árabes e Islámicos de la Universidad de Sevilla, Pedro Cano ha estudiado más de 400 monedas en tesoros de La Rinconada, Aznalcázar (Sevilla) y Niebla (Huelva) que, halladas a principios del siglo XX, estaban pendientes de estudio en el Museo Arqueológico de Sevilla.

De diversas procedencias
En otros tesoros encontrados en Carmona o El Pedroso (Sevilla), Cano ha catalogado monedas procedentes de Bagdad y Damasco. También ha clasificado monedas procedentes de Argelia y Mesopotamia, mientras que en Francia y lugares del norte de África han sido hallados dírhemes andalusíes (monedas de plata, cobre y bronce), otra muestra de los extensos flujos comerciales de Al-Andalus.

Raras y escasas
Entre las monedas estudiadas por Cano no hay ninguna de oro, pero sí de plata, cobre o cobre y bronce consideradas muy raras, ya que proceden de acuñaciones de 200.000 ejemplares, cantidad muy escasa en comparación con otros años en que se acuñaban cantidades millonarias, lo que el profesor ha achacado a decisiones políticas o a escasez de materia prima. A esa escasez inicial hay que añadir el hecho de muchas de estas monedas eran refundidas para nuevas acuñaciones lo que, unido a su pérdida paulatina con el paso del tiempo, las ha hecho más raras aún.

El fraude de la época
Otras piezas están rajadas deliberadamente, agujereadas o tienen recortes circulares marginales ya que, según el profesor, se ensartaban en un cordel para conservarlas o transportarlas. Los recortes a las monedas, sin embargo, se efectuaban con el ánimo de defraudar, de modo que al recortar cientos o miles de monedas se obtenía metal para fundir otras, lo que se consideraba un delito grave porque nadie salvo el emir o el califa podía acuñarlas. // La acuñación de moneda no autorizada se castigaba con la muerte porque equivalía a una rebelión política por suplantar la autoridad del emir o el califa, de modo que a los rebeldes que las fabricaron en Málaga, Granada, Córdoba y el sur de Jaén se les castigó crucificándolos. La carga política y el significado de rebeldía que conllevaba la acuñación de moneda al margen de la ley era tal que, ha señalado Cano, Abd al-Rahman III no quiso o no pudo proclamarse califa hasta haber sofocado esa rebelión que ocupó buena parte de Andalucía Oriental.

Durante el emirato y el califato omeya el taller de acuñación o ceca más importante de Al-Andalus estuvo en Córdoba, dentro del alcázar califal, en el espacio que ahora ocupa el Palacio Obispal.

IMAGEN: Foto cedida por el profesor de la Universidad de Sevilla Pedro Cano Ávila de parte de la colección de dirhemes andalusíes que se conservan en el Museo Arqueológico de Sevilla. EFE