La prestigiosa colección suiza de arte contemporáneo “Daros Latinamerica” desembarca por primera vez en Argentina con una selección de 40 obras de artistas suramericanos que invitan a reflexionar sobre el poder, ideologías, resistencias, utopías y el cuerpo como lugar de conflicto.

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Colección Daros Latinoamérica

La pintura de una bandera argentina denominada “De la furiosa agresión a la decoración”, da la bienvenida al espectador en la Fundación Proa de Buenos Aires y anticipa la discusión artística sobre lo latinoamericano, la globalización, y los símbolos del poder de las piezas expuestas en la primera sala. Allí también está presente la artista colombiana Milena Bonilla, cuya obra “El capital/Manuscrito Siniestro” es una copia del clásico de Karl Marx redactada con su mano izquierda, siendo ella una artista diestra.

Colección “Daros Latinoamérica”

La selección que podrá verse hasta el 13 de septiembre es sólo una mínima parte de las 1.200 obras de la colección privada iniciada por la suiza Ruth Schidheiny en el año 2000 y que incluye a 120 artistas de América Latina. “Es una colección que hace mucho hincapié en los contextos, sociales, culturales y políticos de cada uno de los artistas”, explica Rodrigo Alonso, comisario de la muestra junto a Katrin Steffen. “Cuando uno entra, parece que nada tiene que ver entre si, son muy distintas, pero en realidad hay un sentido detrás, uno espera que el espectador lo encuentre. Por ahí no lo encuentra y pasa de largo”, confiesa Alonso.

Varios muebles a escala se ubican confrontados en medio de la segunda sala, centrada en lo cotidiano y lo político. La monumental obra “Someca”, realizada por el colectivo artístico cubano Los Carpinteros, es un mueble “que habla mucho de la cosas íntimas y personales que uno añora, de la cómoda del dormitorio, donde uno guarda cosas preciadas”, apunta el comisario. En cambio, el “ropero” de la escultora colombiana Doris Salcedo “es lo opuesto, habla del mueble que está clausurado y que no te permite entrar”, agrega.

Colección Daros Latinoamerica

Las mutilaciones de la guerra retratadas en las fotografías de la serie “David”, del artista colombiano Miguel Ángel Rojas, los objetos de mostrador de “Boutique-Peletería Humana” de la argentina Nicola Constantino, son algunas de las obras expuestas en la tercera sala y hacen hincapié en el cuerpo como sede de las marcas sociales. El contenido fuerte y explícito de las obras es un rasgo de la muestra que atraviesa desde distintas perspectivas lo social y cultural de Latinoamérica, ya que es “el tipo de obra que le interesa al curador es esa, el tipo de obra que cruza lo contemporáneo y lo político“, afirma.

Un lugar para la esperanza

Unas escaleras conducen al último espacio de la exposición, donde se escucha un relato con la voz del artista mexicano Humberto Velez, denominado “La carrera”, que parodia la seriedad que los panameños le otorgan a las carreras de caballo. En esta cuarta sala resaltan las pequeñas estatuas de corte precolombino, pero con la forma de dibujos animados como Bart Simpson o Mickey Mouse, esculpidas en piedra por el artista nacido en Colombia Nadin Ospina.

Colección Daros Latinoamerica

Después de atravesar espacios con tantas obras con un contenido violento, llega esta ultima sala donde “a uno se levanta un poco el animo de nuevo”, sostiene Alonso. “El tipo de obra de esta sala es más lúdica, es más divertida. Son obras más esperanzadoras”, añade. Como ejemplo, el cortometraje del artista venezolano Javier Téllez, en el que se observa cómo un grupo de ciegos “conocen a través del tacto” por primera vez un elefante. Para Alonso, en ese encuentro con lo desconocido “hay alegría, emoción” y la obra habla de que “siempre hay mucho más para conocer de lo que uno conoce”.  EFE_Yamil Cáceres

IMÁGENES:  Fotografías cedida por la Fundación Proa que muestran: una escena del cortometraje “Carta a los ciegos, para uso de aquellos que ven” (2007) del artista venezolano Javier Téllez; la pieza “David Nro. 2” (2005) del artista colombiano Miguel Ángel Rojas y la obra “Crítico extático” (2004) del artista colombiano Nadín Ospina. EFE