El artista italiano Fabrizio Plessi, de 74 años, da rienda suelta, por enésima vez, a la “auténtica obsesión” de su carrera: el agua en movimiento, y lo hace en la Fundación François Schneider, en Wattwiller (este de Francia).

Canal Patrimonio_EFE

Plessi_EFE

Como viene siendo habitual desde las últimas décadas, se sirve del vídeo como soporte artístico, cauce por el que ha hecho fluir su arte desde que en los años sesenta se instalase en Venecia, la ciudad de los canales que “le inspiró para siempre”. “El agua sirve como metáfora de la vida y de la creación artística, jamás se detiene, siempre fluye y, aunque no lo parezca, nunca es la misma”, explica este creador septuagenario de piel bronceada y melena gris, considerado una de las figuras más importantes del “arte povera”.

Plessi habla ante una de sus creaciones más espectaculares, “El flujo de la memoria”, una tabla de madera de 22 metros de longitud atravesada de punta a punta por un río virtual flanqueado, “a modo de ribera”, por más de 400 bocetos que nunca llegaron a concretarse en obras.  “Es una pieza muy especial, una radiografía de mi vida. Contemplarla es echar la vista atrás y ver todo lo que no pude acabar”, precisa el italiano, que achaca el “abandono” de estos proyectos a la cadencia con la que llegaban nuevas ideas. La violencia con la que baja la inspiración, sostiene, es la misma con la que fluye el agua del río. “Siempre me quedarán 15.000 trabajos por hacer”, zanja resignado.

Un figurado bosque lluvioso:

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La exposición, que podrá disfrutarse hasta el 1 de junio, la completan otras cinco obras monumentales que guardan en la madera maciza el tercer elemento común, junto al agua y el vídeo, que vertebra las creaciones del italiano. La muestra arranca con seis troncos, de seis metros de altura cada uno, que penden del techo y bajo los cuales, en el suelo y a través de una pantalla, se recrea el sonido y la imagen de un bosque durante un día de lluvia.

La siguiente sala está ocupada por cuatro vasijas gigantes que albergan en su interior un poso de agua y piedras creado a partir de distintas proyecciones audiovisuales. El itinerario continúa con los “Water Circles”, dos “ojos” de metal de 250 centímetros de diámetro en cuyo centro se proyectan dos pupilas de agua; una forma de representar, precisa Plessi, “lo vivo y lo estático, lo sólido y lo líquido. La fluidez del agua que le da vida al metal”. Un bosque (figura recurrente en la obra del autor) elaborado a base de troncos repartidos en tres cajones verticales y coronados por sendas pantallas, y una estructura de cuatro metros de longitud cuyo uno de sus extremos expulsa un chorro de viento que mueve “el agua eléctrica” que se proyecta en la otra punta, cierran la muestra.

Fundación François Schneider:

Emplazada sobre un pequeño cerro de Wattwiller, a pocos kilómetros de la frontera con Alemania, en la región de Alsacia, la Fundación François Schneider acoge la exposición de Plessi de cara a la primavera, explica la directora de la institución, Maria Spratley. Fue el “espíritu” de este centro de arte contemporáneo, donde el agua es el eje sobre el que giran todas las exposiciones, lo que provocó que el creador italiano decidiese traer aquí su trabajo, apunta Spratley, quien ve “una convergencia evidente” entre la obra de Plassi y el “tema central de la fundación”.

Creadas entre 1981 y 2012, las piezas han encontrado en este enclave bucólico, rodeado de montañas, vegetación y un horizonte de cumbres nevadas, “el entorno perfecto” donde ser expuestas, manifiesta el italiano. Acostumbrado a exponer su trabajo por medio mundo, a Plessi le seduce la idea de que en esta ocasión su muestra coincida con la llegada de la primavera, cuando “el hielo se derrite y fluye montaña abajo”, subraya mientras el rumor de su río virtual llena la sala. Jorge Martínez.
       
IMÁGENES:  Obra titulada “El flujo de la memoria” y fotografía facilitada por la Fundación François Schneider de otra de las obras de Fabrizio Plessi. EFE