Agentes del Seprona de la Guardia Civil están investigando a un vecino de Osuna (Sevilla) por el expolio a un yacimiento con restos de un acueducto romano del siglo I antes de Cristo, del que han destruido la estructura al sustraer los ladrillos de barro que la conformaban.

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El yacimiento arqueológico está situado en el cauce del río Blanco, en el paraje Cortijo de Girón, y es único en Andalucía, ya que se trata de una construcción de ingeniería de la que no existe otra obra documentada en esta comunidad.

La Guardia Civil inspeccionó el lugar y comprobó que los expoliadores habían colocado sobre el cauce del río a modo de pasarela una vieja puerta de madera y dos hojas de ventana para poder cruzar con los ladrillos expoliados.
Cerca de esa pasarela se han localizado algunos fragmentos de ladrillos, marcas de los mismos en el margen del río y huellas de pisadas recientes, por lo que se cree que el expolio se ha producido hace pocos días.

Los agentes inspeccionaron establecimientos de Osuna y de la localidad de La Lentejuela dedicados a la compra de materiales de obra usados y localizaron una furgoneta sospechosa en las instalaciones de una antigua empresa a unos 5 kilómetros del yacimiento. Posteriormente, identificaron a un individuo que reconoció que había recogido ladrillos del lugar del expolio.

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Este hombre, de 64 años, condujo a los agentes hasta la furgoneta y mostró 31 piezas de barro debajo de un montón de arena.
Otras ocho piezas iguales a las anteriores se recuperaron entre depósitos de fertilizantes y el hombre dijo a los agentes que en su domicilio tenía otros 15 ladrillos que había cortado en pequeñas piezas para usarlos en una obra doméstica.
Por estos motivos, la Guardia Civil tomó declaración a M.G.R. como presunto responsable de un delito contra el Patrimonio Histórico.

Ante la sospecha de que en las cercanías de la antigua empresa abandonada pudiese haber ocultos más ladrillos procedentes del expolio, la Guardia Civil localizó en un olivar en el paraje Castilla de Doña Laura, también en Osuna, un total de 45 piezas, que fueron reconocidas por el arqueólogo denunciante. Otras 116 piezas estaban en una chatarrería abandonada próxima a la empresa en desuso donde apareció la furgoneta.

Todos los ladrillos intervenidos han sido depositados en el Museo de Osuna y han quedado a disposición de la autoridad judicial.