El Museo Lázaro Galdiano acoge a partir de mañana miércoles la exposiciónLa fortuna de los libros“, veintiochojoyasbibliográficas con las que trata de ilustrar la suerte que han tenido los libros a lo largo de su historia, desde que alguien tuvo la idea de su creación hasta su destino último.

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Exposición "La fortuna de los libros"

Como “un abanico de posibilidades de lo que ha ocurrido con los libros a lo largo de su historia” ha presentado el comisario de la exposición, y director de la Biblioteca de la Fundación Lázaro Galdiano, Juan Antonio Yeves Andrés, una muestra que revela que “algunos libros han sido muy afortunados, y sin embargo otros no tanto”. Catorce copias manuscritas y otras tantas impresas componen “La fortuna de los libros”, que se divide en dos perspectivas: una, desde que los libros se idearon y hasta que se materializaron, y la otra, desde que fueron creados hasta que han llegado a manos de los lectores y receptores últimos.

Con la colaboración de la Asociación Internacional de Bibliófilos y el patrocinio de la Fundación Ramón Areces, la exposición comienza con dos “joyas” como el “Ceremonial de consagración y coronación de los reyes y reinas de Aragón” y “Le livre des propiétés des choses (El libro de las propiedades de las cosas), creados a iniciativa de los reyes Pedro IV el Ceremonioso y Charles V, rey de Francia. Ambos comparten vitrina con otra “más modesta”, según el comisario, la “Colación muy provechosa y Tractado de los loores de San Juan Evangelista”, un encargo de Isabel la Católica a Fray Hernando de Talavera.

Autores editores, de la idea al proceso de impresión

Le siguen ocho ejemplares de obras cuyos autores fueron quienes idearon la obra y personalmente se ocuparon del proceso hasta que el libro llegó a su versión original, como la primera edición de la segunda parte del Quijote, “un empeño personal de Cervantes“, según el comisario. El librito de poesía que Emilia Pardo Bazán creó para su hijo Jaime, y del cual le regaló un ejemplar encuadernado con un guante blanco a José Lázaro, comparte espacio con un ejemplo absoluto del control de un autor a su libro, como el caso del discurso de Carlos Romero de Lecea a su ingreso en la Academia, que él mismo se encargó de encuadernar. “No me pidió nada, solo puso en mis manos un libro que tenía en su corazón”, fueron las palabras de la francesa encargada de encuadernar dicha obra, según ha confesado el comisario.

La buena y la mala fortuna 

La segunda parte está formada por otras catorce obras que ilustran lo sucedido con los ejemplares lejos de su autor; bien por su pertenencia a personajes célebres como el manuscrito “Libro de horas” (1470) de William Hastings que perteneció a la reina María Tudor de Inglaterra, bien por su encuadernación artística, como el manuscrito de el “Buscón” (comienzos del siglo XVII) de Quevedo. Hay obras mutiladas como una hoja suelta del “Akbar Namah” con una “Procesión del emperador Akbar”, que un librero francés se encargó de separar las piezas de los manuscritos originales y venderlas sueltas. Figuran también un ejemplar de “El sueño de Polífilo” (1499), uno de los libros “más bellos y enigmáticos” para cualquier bibliófilo, según Yeves, o los billetes de Lope de Vega al duque de Sessa, su protector y confidente.

IMAGEN: Fotografía facilitada por el Museo Lázaro Galdiano de Madrid de la exposición ”La fortuna de los libros”. EFE/Fernando Martínez