Las siete esculturas que en la Antigua Roma adornaban la fuente de Juturna, ninfa de las aguas, vuelven al Foro Romano y se adentran en los dos mil años de historia de la fontana sagrada a pocos metros de donde estuvo localizada.

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Llamada “Lacus Iuturnae”,  la fuente está compuesta por una estatua del dios Apolo, del siglo I-II d.C, un altar del siglo II d.C. y un pozo de la edad augusta que conserva la inscripción del magistrado Marcus Barbatius, que dedicó a la ninfa Juturna. “Iuturnai sacrum”, se lee en él en referencia a la bella ninfa con la que los romanos personificaban la fuente sagrada y a la que, cuenta la leyenda, Júpiter concedió la inmortalidad como compensación por haberle arrebatado la virginidad. El conjunto lo completan dos estatuas de los gemelos Dioscuros, hijos de Zeus, acompañados de sendos caballos, que datan del II-I siglo a.C. y cuya imagen también aparece reproducida en los ornamentos del altar.

Las piezas vuelven así al Foro Romano, donde fueron descubiertas por Giacomo Boni en 1900 y se localizan ahora en el Templo de Rómulo que, con una nueva iluminación, recuerda el valor sagrado del agua. También la rememora un pilón cuadrado que puede verse a través de un cristal que fue utilizado durante la liturgia de la iglesia de San Cosme y san Damián, adyacente al Templo. La reconstrucción se sitúa a escasos metros del área arqueológica donde se encontraron y que pretende hacer visible la fontana con una réplica del altar expuesta al aire libre y rodeada por agua.

El valor sagrado del agua

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La responsable arqueológica del proyecto, Patrizia Fortini, explicó que en la Antigua Roma la fuente estaba encastrada en el suelo y “daba la sensación de que salía agua de la tierra. Es una gran bañera que primero fue rectangular y después cuadrada. En el centro había una base que podría sostener las estatuas de los dioses y una baranda alrededor, que producía la visión de que el agua emergía de la tierra”, explicó.
Fortini añadió que “el agua siempre ha sido un elemento ligado a las mujeres”, por ser “símbolo de vida, fertilidad y transformación”, aunque también de salud física y espiritual por representar “la salvación del cuerpo y del alma”.

El superintendente del área arqueológica de Roma, Francesco Prosperetti, señaló que la muestra “reproduce la riqueza de la fuente” y subrayó que los visitantes podrán apreciar “la riqueza de ornamentos y obras de arte” que existieron en la Antigua Roma. Incidió en que el conjunto de esculturas estaba ligado al valor sagrado del agua y expresó que se reproduce “en el juego de luces que se reflejan sobre el techo del Templo y que son para recordar que las piezas estaban en torno a la fuente”. Un recuerdo que también permanece en el altar, del que hay una copia en el sitio original.

Elegido esta misma semana para el cargo, Prosperetti describió esta exposición como “un anticipo” de lo que la ciudad de Roma quiere presentar, que consiste en “reconstruir el contexto de la Roma Antigua no solo con monumentos sino también a través de la exposición de las obras de arte que los adornaban”. Un valor que quiere que también aprecien los ciudadanos capitalinos, de quienes desea que puedan disfrutar junto con los turistas la belleza artística de la capital italiana. “Como nuevo superintendente” -dijo- “mi idea es multiplicar iniciativas de este género y de los lugares simbólicos”. Un proyecto que quiere combinar con “encontrar un programa de actividades que haga confluir a los turistas y a los ciudadanos de Roma, para vivir juntos estos lugares, que son la imagen central de la ciudad”.

IMAGEN: Las siete esculturas que en la Antigua Roma adornaban la fuente de Juturna, ninfa de las aguas, vuelven al Foro Romano y se adentran en los dos mil años de historia de la fontana sagrada a pocos metros de donde estuvo localizada. EFE