Las obras menos conocidas de Salvador Victoria, una colección de gouaches y collages que suponen una explosión de color y libertad en las que plasmaba sus ideas, recuerdan al pintor en una exposición en el veinte aniversario de su muerte.

 

Canal Patrimonio_EFE

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Las obras pertenecen a la colección privada de su viuda, Marie Claire Decay, y abarcan todas las épocas de este pintor de la vanguardia abstracta de la generación del 50, uno de los más significativos de la abstracción lírica, reconocido por sus esferas suspendidas, llenas de luminosidad, pureza y armonía. “Es en estas obras en papel -ha manifestado Marie Claire Decay- en las que Salvador es más espontáneo, se suelta mucho, es una pintura más libre, más rápida y con mas color, en las que plasma por primera vez sus ideas que luego llevará al óleo, en el que es más contenido”.

La exposición, en la Galería Edurne, la decana de Madrid, ahora en El Escorial, coincide con el 50 aniversario de esta sala creada con vocación de vanguardia por Margarita de Lucas y Antonio Navascués, y es una pequeña y entrañable muestra que permite apreciar la evolución del artista y la correspondencia entre la obra en papel y los óleos. Se muestran varios collages de 1969, que se expusieron por primera vez en la Galería Da Vinci, dirigida por una jovencísima Carmen Maura que todavía no era actriz en Madrid, donde el artista se dio a conocer en 1965, en una exposición en el Ateneo y después en la Galería Juana Mordó. Son obras en rosas, azules y verdes en las que se ve el cambio que experimenta el artista a su regreso a España, el agotamiento del informalismo y la aparición del círculo ya cerrado y el color.

El descubrimiento de la abstracción:

Salvador Victoria (Rubielos de Mora, Teruel, 1928/Madrid 1994), que falleció repentinamente a los 65 años en plena actividad creadora, tuvo el “gran descubrimiento” de la abstracción en París, donde vivió entre 1956 y 1964, al igual que otros artistas que abrieron las fronteras de España al arte internacional. La exposición incluye un óleo de los galeristas, fechado en 1962, con grandes de manchas de color, rojos y negros, un poco de blanco, gris y tierra, que permite comprobar la correspondencia con dos gouaches, también en negros y grises, de 1962, los años de París.

Son los años de influencia de la línea americana de la “action painting”, en que Salvador Victoria “pintaba -recuerda su viuda- en su pequeña vivienda-estudio de París, en el suelo, que solía cubrir con las cartulinas, doblado por la cintura, con una fuerza y una seguridad increíbles, mientras escuchaba a Bach o Vivaldi a todo volumen. Pintó papeles durante toda su vida para idear cosas y luego desarrollarlas, teníamos la casa siempre inundada de papeles, que extendía sobre el suelo porque pintaba varios a la vez”.

Los gouaches de los años 80 son ya todo color, azules, amarillos, rojos, verdes, blancos y azules, en los que se puede ver la aparición de la esfera, los signos, la rotura del a partir de 1987 y las esferas ya suspendidas en dos obras fechadas casi al final de su vida en 1991 y 1992. A su muerte dejó mucha obra en su estudio, hoy en gran parte repartida por distintos museos a los que ha sido donada por su viuda: el IVAM de Valencia, el Museo de Teruel, el Pablo Serrano de Zaragoza y la Fundación Museo de Rubielos de Mora cuentan con grandes colecciones de su obra, presente también en otros museos de España, Europa y Estados Unidos, como el Reina Sofía.

Durante la inauguración de este sábado se proyectó el documental “Cuadernos de contabilidad de Manuel Millares”, dirigido por su sobrino Juan Millares, que asistió junto con la viuda del creador y artistas amigos de los dos pintores, como Luis Caruncho y Elena Colmeiro, algunos de ellos alumnos de Salvador Victoria (Diego Arribas, Victoria Brox y Amaya Bozal). EFE_Concha Tejedor

IMAGEN: Dos mujeres contemplan algunas de las obras de Salvador Victoria, reunidas en una exposición en Zaragoza. EFE/Archivo