Ofrecer antigüedades de irreprochable calidad al precio adecuado, capaces de dialogar con el arte más actual, es uno de los retos que afrontan muchos de los 80 expositores reunidos hasta el 21 de septiembre en la XXVII Bienal de Anticuarios de París.

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Serán once días de ecléctico paraíso bajo la bóveda acristalada del Grand Palais, donde contemplar piezas de arqueología y orfebrería, arte medieval, asiático, africano, amerindio y de Oceanía, mobiliario y objetos del XVII al XIX, libros antiguos y raros, pero también arte moderno y contemporáneo y alta joyería. Protagonizan esta cita puntera con el mercado del lujo y del arte, considerada como una de las mejores del mundo en su género, galeristas, marchantes y joyeros franceses y una veintena de expositores de nueve países. De ellos cinco británicos, cuatro belgas e italianos y dos estadounidenses y suizos; mientras que Alemania, Hong-kong, Portugal y España cuentan también con representantes.

La propuesta española:

Única española, Ana Chiclana vuelve a París por tercera vez, con una propuesta sobre todo de pintura española del siglo XVI al XIX, en un vasto espacio de 50 metros cuadrados. De la oportunidad que le permite estar de nuevo en París en una época de turbulencias como la actual, Chiclana destaca su esfuerzo por ofrecer propuestas de gran coherencia y piezas de mucha calidad. “Hay que saber ajustar tu estilo de trabajo a la época”, pues quienes invierten su dinero en antigüedades, en el lujo, saben mucho de precios, de costes, de beneficios y saben lo que están comprando, por lo que “no puedes permitirte fallar”, añade. A tal efecto, trajo “una selección de cuadros muy exquisitos” que, por su propia composición y por lo que representan, permitirán fácilmente al cliente acostumbrado a comprar arte contemporáneo que “lo entienda y lo encuadre dentro de su propia colección”. Resalta en particular un José de Ribera valorado en 360.000 euros, “que sin duda va a gustar muchísimo”: el “Apóstol Santiago el Menor”, que pertenece a una serie de trece cuadros pintados en su etapa de juventud, cuando todavía estaba en Nápoles.

Las piezas más caras:

Una cuidada escenografía, en la que el decorador Jacques Grange recreó los jardines del Palacio de Versalles y del Trianon, realza aún más el evento, al que hace diez años se unieron los más grandes joyeros del mundo, muchos de ellos con cuartel general en la plaza Vendome de París. Sus obras, firmadas por Cartier, Chaumet, Boucheron, Bulgari, Dior, Chanel o Van Cleef & Arpels, son de hecho algunas de las más caras de las 5.000 que el público podrá descubrir mañana. Así, un conjunto multicolor de cuatro rubíes presentados por Carier ronda los seis millones de euros, y un collar de la colección “Lumiere d’eau” de Chaumet el millón de euros. Una pieza maestra cuya existencia subrayan muy en particular los organizadores de la Bienal es el escritorio de estilo japonés que la galería Chadelaud espera vender en 2,94 millones de euros.

Destacan igualmente sobre los 4.000 metros cuadrados que ocupa la Bienal un jarrón de porcelana de la Galería del Passage, unas esquineras Luis XV de laca de la François Leage y una cómoda azul de la Galería Steinitz, cuyos precios no se han divulgados de momento.

IMAGEN:  Fotografía facilitada por la Galería Ana Chiclana del apóstol Santiago el Menor, de José de Ribera, una de las principales obras que presenta la galerista en la Bienal de Anticuarios de París, única representante española en esta gran cita del mercado del arte y del lujo que se celebra en el Grand Palais. EFE