En las primeras décadas del siglo xx los investigadores de nuestro país distinguieron tres manifestaciones artísticas anteriores al románico: el arte hispanogodo, el arte asturiano y el arte mozárabe. Este último correspondía a los cristianos que vivieron bajo la dominación musulmana y que a lo largo del siglo x, fundamentalmente, emigraron al norte de la Península para contribuir a la repoblación de los nuevos territorios cristianos. En el acervo cultural de estos grupos se encontraba una forma particular de entender el arte en el que cobraba una importancia muy especial la influencia islámica. El elemento característico era el empleo del arco de herradura califal (más cerrado que el visigodo), a veces enmarcado por alfiz, y la ausencia casi total de escultura figurativa.

Canal Patrimonio_ Pedro Luis Huerta

San Román de Moroso, Cantabria

Con el paso del tiempo fueron surgiendo nuevas interpretaciones que matizaron el concepto inicial del término o que, directamente, lo rechazaron. De esta forma, en los últimos años se ha tendido a utilizar más la denominación de “arte de repoblación”, para referirse a estas creaciones realizadas en territorio cristiano a lo largo del siglo X y en los primeros años del XI. En la base de tal consideración está la supremacía creadora que se atribuye a los repobladores del norte en detrimento de la aportación musulmana. Una de las cuestiones en las que más se ha insistido es en el escaso bagaje artístico y la casi nula tradición arquitectónica que se atribuye a los mozárabes en al-Andalus, de ahí que cuando estos grupos emigran al norte lo primero que hacen es ocupar y reconstruir viejos edificios o lugares de culto ancestral, especialmente de época hispanogoda, que habían sido abandonados. Esta es la interpretación que habría que dar al contenido de algunas inscripciones epigráficas, como la conservada en San Martín de Castañeda o la desaparecida de San Miguel de Escalada, en las que se alude a la llegada de monjes cordobeses y a la construcción con sus propias manos de sendos monasterios en un tiempo récord de cinco y doce meses respectivamente. Se trataría, en realidad, de la adecuación o ampliación de antiguos iglesias que son recuperadas por los nuevos pobladores para establecer en torno a ellas a una comunidad monástica. En cualquier caso, en esta forma de proceder estaría más presente la recuperación del particularismo hispano de raigambre neovisigótica que de la implantación de elementos califales.

Características constructivas y ornamentales

San Miguel de Escalada, León

Los edificios catalogados dentro de este estilo presentan una serie de características comunes que permiten diferenciarlos. El principal material constructivo es la piedra, en sus distintas variantes (caliza, arenisca o pizarra). Los muros suelen ser de mampostería con refuerzo de sillería o sillarejo en las esquinas y en los vanos, mientras que en las cubiertas se puede utilizar también la piedra toba, el ladrillo y la madera.

Las cornisas constituyen un elemento muy original en estas construcciones, con la utilización de los característicos modillones de rollos decorados en sus extremos con motivos florales. Este elemento gozó de tal éxito que incluso sirvió de inspiración para algunos canecillos románicos.

En cuanto al modo de cubrir los espacios, se reservó la bóveda de cascos para los ábsides y los cimborrios, mientras que en las naves se utilizaron generalmente armaduras de madera. La gran aportación islámica en este apartado la constituye el uso de la bóveda de nervios que ya había sido ensayada en la mezquita de Córdoba. El mejor ejemplo se encuentra en el transepto de San Millán de la Cogolla.

El tipo de arco más utilizado es el de herradura, de herencia hispanogoda, si bien en algunos casos se puede acercar más al módulo califal, sobre todo en aquellos ejemplares enmarcados por alfiz, como ocurre en Santiago de Peñalba y San Miguel de Escalada. Los capiteles sobre los que apoyan estos arcos responden a esquemas vegetales de tradición corintia con collarinos sogueados y cimacios de nacelas escalonadas.

capitel pórtico, San Miguel de Escalada, León

Compartimentación del espacio

En algunas iglesias de este periodo existía una división del espacio interior impuesta por las exigencias del ceremonial litúrgico. La separación entre la cabecera y la nave se realizaba por medio de un iconostasio cuya misión era impedir a los fieles la visión del altar durante determinados momentos de la liturgia, especialmente en el momento de la consagración. En San Miguel de Escalada todavía se puede ver uno de estos elementos formado por tres arcos de herradura que se complementarían con sus correspondientes cortinajes.

miniatura. catedral de León

Miniatura

Aunque, sin duda, una de las manifestaciones más originales desarrolladas a lo largo del siglo x fue la iluminación de libros. Biblias y beatos fueron las obras más características, aunque tampoco faltaron los códices utilizados frecuentemente para el desarrollo de la vieja liturgia hispana, como salterios y antifonarios. Todos ellos se ilustraron con un rico repertorio de imágenes debido a la mano de calígrafos y miniaturistas que, a diferencia de otras creaciones de la época, nos dejaron sus nombres en los colofones que suelen rematar estos libros.

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IMÁGENES: Fotografías facilitadas por el historiador Pedro Luis Huerta de la iglesia de San Román de Moroso (Cantabria), el monasterio de San Miguel de Escalada (León) y una miniatura del antifonario de la catedral de León.